Skip to main content

Full text of "Problemas americanos; fronteras americanas. Cuba redimida. Libertad escrita"

VNVICINI .-.sftk 

'U3ÍS3H0NVIAI N ^B^kA 

69 sai_*f_ 




5 2k 








, o o gj 








O £ 


i r Y 




ü | 

—1 

>• 




















1 II 
























JtZ 












N 






o. ° » 












<D 






D *¿ 












"tí 






cr o 












N C O 






! Jí > a 












ctf ü 






¿5 






>__ 


o^ 




c q 


■s 




CX3 


Oí 






30 




"O 


E 

E 




i <=3 












0) 







THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



.F47 



BBSS^HAPéLH.U 



nmnimg 



0000821997 



This book is due at the WALTER R. DAVIS LIBRARY on 
the last date stamped under "Date Due." If not on hold ¡t 
may be renewed by bringing it to the library. 


DATE 

DUE RET " 


DATE RET 
DUE 


MAY 17 199 


í 






> - 


MñY 1 7 '94 


































































































































F.orm No, 513. 
Rev. 1/84 









Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/problemasamericaOOfigu 



PROBLEMAS AMERICANO 



FRONTERAS AMERICANAS.— CUBA REDIMIDA. 
LIBERTAD ESCRITA 



POK 



PEDRO PABLO FIGUEROA 



Socio correspondiente del Instituto Jeográfico Arjentino 

de Buenos Aires 7 de la Sociedad de Jeografía 

y Estadística de Méjico. 



í^tsss^ta <. 



SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA PORTEÑA, ARTURO PRAT 111 B 

1895 



LIBKARY 

UNIVERSITY OF NCTRTH CAROLINA' 



/-ITT A TVCT TTTT T . 



PROBLEMAS AMERICANOS 



\ 



DEDICATORIA 

— * ■*•»«— — *— 

€H Smoz " 



o&cmmcm tih/ccwio ai pahiota u al 
ciubabanc ilushz 

Pedro Pablo Figueroa. 

Santiago, Setiembre 18 de 1895. 



..@y$h>¿ &$ c ~ / <5W.. rjís\ $* r e}*>.9 .«ájOS»!» ,.. a^rikfrj _f&M 



PROBLEMAS AMERICANOS 



Compajinamos en este opúsculo varios estudios de 
las cuestiones que se relacionan con la política y el 
movimiento intelectual' de la América contemporánea. 

La controversia histórica sobre la demarcación de 
fronteras a que se asiste en estos momentos, marca 
un rumbo amenazador para la paz continental y me- 
nester se hace contribuir, de un modo patriótico, a 
calmar los ardores del debate internacional, propo- 
niendo la mediación civilizadora del arbitraje. 

La responsabilidad de la prensa es en estos casos 
tan grave como el conflicto mismo, necesitándose una 
elevación de carácter tan superior en sus discusiones 
que sea, a la vez, justiciera apreciación de los hechos 
y fuerza reguladora de sus pacíficas soluciones. 

Los principios de la sociolojia moderna así lo exi- 
jen a este continente que lleva el programa de sus 
destinos futuros, de progreso universal, en su propia 
organización republicana. 

La causa de la independencia de Cuba, que se re- 
suelve por la acción decisiva de las armas en los 
campos de batalla, es otro de los problemas que se 
armonizan con la paz americana. 

Alcanzada la soberanía de la nueva nacionalidad, 
se habrá puesto término a una guerra desastrosa que 
desde 1868 viene ensangrentando nuestro continente. 

Los heroicos sacrificios que el pueblo cubano rea- 



— 10 — 

liza por su emancipación, son deberes de nacionalis- 
mo que cumple en obedecimiento a la lei del progreso 
— que es lei de la civilización del siglo — a su natural 
sentimiento de soberanía y al testamento político de 
la revolución de la independencia americana. 

Los pueblos del hemisferio le deben su apoyo, el 
concurso de su fraternidad, porque la subsistencia 
de la colonia peninsular en sus dominios es un peli- 
gro para su integridad en el porvenir. 

Ademas, se impone, por los dictados mismos de la 
solidaridad de la América libre, el imperioso y su- 
premo compromiso de evitar la inmolación del jene 
roso y culto pueblo de Cuba, que desde un cuarto de 
siglo combate sin tregua por su independencia. 

Una lejion de héroes y de mártires es su ejército 
libertador desde Yara a Dos Eios. 

Allá se proclamó la jura de su libertad y aquí se 
alza altiva la estatua gloriosa del apóstol de su causa 
— José Martí— en la actitud épica en que rindió la 
vida en la batalla. 

La reforma constitucional, que asegura la libertad 
de todos los cultos de la civilización y las creencias, 
como complemento de nuestra cultura republicana, 
se analiza en los estudios históricos de las manifes- 
taciones de la iglesia romana en América en el pe- 
riodo de la vida libre de estos pueblos. 

Se hace sentir, a medida que se desenvuelve la 
sociabilidad americana, la necesidad de la espansion 
del progreso intelectual moderno como elemento de 
vitalidad para las ideas de cultura y para las concien- 
cias anhelosas de libertad. 

Pedro Pablo Fioueroa. 



FRONTERAS AMERICANAS 



i aJ@i*$* r z&¿> , .«(^(Q>, c^sXfy^ ¿s&H?),. ¡Ld$ )*$*(8hs ^S^>>^ ^Q>fS», 



FRONTERAS AMERICANAS 



El debate internacional, relativo a la demarcación 
de fronteras y al ejercicio del principio del arbitraje, 
ha sido objeto de constantes informaciones en la 
prensa de Chile y del Plata. 

Como un interesante detalle de las opiniones y de 
los antecedentes que se han establecido en ambas 
cuestiones, copiamos los telegramas siguientes: 

Nortli and South American Telegraph C.° — (Via Gal- 
fe veston) 

Buenos Aires, Agosto 9 de 1895. 

A La Nueva República — Santiago. 

(Recibido a las 4. 40 P. M.) 

El corresponsal de La Nación en Santiago comunica a 
este diario que don Pedro Pablo Figueroa ha publicado 
en La Nueva República un artículo titulado Fronteras 
Americanas en que trata de la cuestión arbitraje. 

El diario citado dice que sin emprender una discusión 
teórica sobre un punto tan debatido ni pretender relacio- 
narlo con las cuestiones que forman nuestra actualidad 
internacional, cree oportuno decir que la Cámara Fran- 
cesa ha puesto recientemente el arbitraje a la orden del 
dia, aprobando una moción del diputado M. Baradot en 
que incitaba al gobierno francés a celebrar un tratado de 
arbitraje permanente entre Francia y Estados Unidos. 

En seguida reproduce La Nación los comentarios de 
Le Temps de Paris en favor del acuerdo. 



— 14 — 

Según este diario, nadie puede ya nutrir propósitos 
belicosos dentro de la opinión sensata e ilustrada del pais. 

La Nación, como siempre, acoje las ideas ajenas que 
son favorables al arbitraje, pero no se atreve a emitirlas 
como suyas por temor a la opinión pública, que es adversa 
al arbitraje. 



North and South American Telegraph C.° — (Vía Gal- 
veston.) 

Buenos Aires, Agosto 12 ds 1895. 
A La Nueva Bepública — Santiago. 
(Recibido a las 3. 30 P. M.) 

La Nación, en un importante editorial que titula ReaC 
dones Favorables y a propósito del artículo publicado en 
La Nueva República por don Pedro Pablo Figueroa, ma- 
nifiesta con franqueza la conveniencia de someter al arbi- 
traje las cuestiones de límites que surjan entre las naciones 
americanas, como deberá hacerse con las que no puedan 
resolverse por los gobiernos chileno y arjentino. 

«Esta manera de solucionar las cuestiones interna- 
cionales, dice, ha sido la norma de conducta de la Repú- 
blica Arjentina y no podrá hoi desviarse de ella, aunque 
así no piensen algunos, porque los tratados con Chile 
han colocado de antemano estas diferencias en un terreno 
tranquilo. » 

El Diario y La Prensa juzgan inoportuna la interven- 
ción del Brasil. 

La Prensa dice que ella coarta la acción de la Arjentina. 

«Dada la propaganda que Chile hace en Europa en el 
sentido de que está en la razón legal para llevar al arbi- 
traje sus desacuerdos sobre límites, el ofrecimiento de la 
mediación manifiesta que se cree en ese derecho.» 

«Debemos reclamar, agrega, contra el desarrollo de 
una diplomacia dirijidaintencionalmente para sofocar a la 
República Arjentina con el voto humano del arbitraje.» 



— 15 — 
FKONTEBAS AMEBICANAS 

AítBITKAJE INTEENACIONAL. 



Al Señor Marcial Martines. 

Bolívar, el jenio político i militar mas innovador de 
la independencia, previo el porvenir de las naciona- 
lidades del continente surjidas a la vida republicana. 

La emancipación de la colonia i de la conquista i el 
funcionamiento del gobierno propio no eran suficien- 
tes garantías, en su lójico i elevado concepto, de la 
conservación de su soberania. 

Se necesitaba la constitución de una liga interna- 
cional que afianzara los intereses permanentes de las 
nuevas sociedades libres y como base de los progre- 
sos délas instituciones democráticas, la consolidación 
fundamental de la paz en el continente. 

Fundador, como guerrero victorioso, de la Kepú- 
blica de Bolivia en los territorios del alto Perú y de 
la conlederaoion de Colombia, que solo después de 
su muerte se hizo efectiva con la incorporación de 
Nueva Granada, esperimentó por sí mismo los desas- 
tres y vicisitudes de las contiendas intestinas y vio 
sucumbir, víctima de las ambiciones políticas y las 
emulaciones del caudillaje militar, al magnánimo 
Sucre que habia sido su colaborador en la obra de 
redención de los pueblos que debian darle en vida su 
tumba de proscrito en Santa Marta. 

Su galardón de caudillo vencedor y de promotor 



— 16 — 

de la libertad de un grupo de naciones fué el ostra- 
cismo, no escapando su recuerdo postumo ala calum- 
nia que maiicha y oscurece las mas puras glorias. 

A fin de conjurar los peligros de las revoluciones 
en estos paises que ensayaban una forma de gobierno 
de igualdad, después de tres siglos de sometimiento 
al réjimen de la conquista, propuso, en 1822, la reu- 
nión de un Congreso de Plenipotenciarios en Pana- 
má que estableciera la federación americana. 

Como un medio de asegurar la soberanía adquirida 
por el derecho de la independencia de estos pueblos 
y de fundar la protección recíproca de sus institucio- 
nes, contra los avances estranjeros, recomendaba a 
sus gobiernos la unión internacional de todos ellos 
en un propósito de común solidaridad. 

Esta noble idea de asociación de intereses perma- 
nentes, que llevaba envuelta la fórmula jurídica del 
derecho público americano, no fué estimada en su 
alcance político y patriótico. 

Se le atribuyó un interés político individual que 
se suponia relacionado con los planes de ambición a 
la dictadura continental de que se juzgaba dominado 
al ilustre guerrero. 

La federación, propiamente dicha, era una utopia 
en estos paises que se iniciaban en el ejercicio de la 
vida libre, que no conocian aun la ciencia del go- 
bierno propio, pero no así la unión latino-americana 
como fundamento de la paz y de la consolidación de 
la soberanía. 

El jeneral Lafayette, en vísperas de abandonar las 
playas americanas, dice Calvo, a quien seguimos en 
estos apuntes, escribia a Bolívar desde Washington: 

«Próximo a partir para otro hemisferio, seguiré con 



— 17 — 

mis votos el glorioso remate de vuestros trabajos y 
esa solemne asamblea de Panamá donde quedarán 
consolidados y completos todos los principios y todos 
los intereses de la independencia, de la libertad y de 
la política americana. » 

Sin embargo, ha sido tan tenaz y tan profunda la 
hostilidad hacia Bolívar, que desaparecido de la es- 
cena de la existencia, se ha pretendido negarle la 
concepción de este problema trascendental que, rea- 
lizado mas tarde, habrá de coronar la gloria y, la 
soberanía de las Repúblicas de América. 

Se ha sostenido, sin comprobaciones históricas, que 
el jeneroso impulso de la unidad y de la paz conti- 
nental, constituidas por medio del código del Con- 
greso de Panamá y sus prolegómenos de una alianza 
internacional, fueron ideales y manifestaciones del 
eminente publicista, secretario de San Martin, don 
Bernardo Monteagudo, porque dicho pensador dejó 
una memoria sin terminar sobre cuestión tan vital 
para la América al sucumbir víctima de un asesino 
mercenario en las calles de Lima. 

Siguiendo este orden de opiniones, también ha pro- 
clamado, anos mas tarde, la paz perpetua en América 
por medio de la unión de las naciones el ilustre filó- 
sofo del Perú don Francisco de Paula González Yijil, 
sin que por esto haya sido el creador de una nueva 
forma de organización republicana. 

En las soluciones de la paz y de la libertad ame- 
ricanas, el esclarecido filósofo chileno Francisco Bil- 
bao avanzó mas fecundas y sólidas ideas, proponiendo, 
conforme al pensamiento de Bolivar, en 1856, desde 
el ostracismo europeo, la formación de un Congreso 



— 18 — 

Normal que hiciera efectiva la federación de las re- 
públicas de America conservando su autonomía. 



* 

* X 



La iniciativa de Bolívar tuvo su confirmación en 
la convención celebrada por los plenipotenciarios de 
Colombia y del Perú en 1822 y en la cual se fundó 
el principio del arbitraje internacional en América. 

Al analizar este tratado el publicista don Alejan- 
dro Calvo manifiesta que, aunque de un modo par- 
cial, «es el punto de partida del derecho público 
americano. » 

El pacto establece el arbitraje para dirimir las 
controversias de las naciones contratantes entre sí, 
obligándose a protejerse mutuamente en caso de 
guerra estranjera y a mantener la paz en la mejor 
intelijencia y armonía en las relaciones con los demás 
pueblos del hemisferio. 

A los medios prácticos del pacto de alianza une 
las prerrogativas correspondientes a sus conciudada- 
nos y los derechos y liberalidades de comercio y na- 
vegación. 

Pero el acuerdo mas positivo y mas dignamente 
previsto, es el relativo a la división de territorios, 
reconociendo la necesidad de los procedimientos con- 
ciliatorios y pacíficos propios de paises hermanos vin- 
culados por obligaciones recíprocas de comunidad. 

De esta cláusula del tratado deduce el publicista 
don Alejandro Calvo, que se proclama en él el prin- 
cipio del arbitraje, agregando que si esta fórmula 
internacional se hubiera aceptado y difundido « habría 
ejercido una influencia decisiva en la paz del conti- 



— 19 — 

nente, facilitando así la tarea de la fraternidad ame- 
ricana. » 

Los gobiernos de Méjico y de Buenos Aires adhi- 
rieron a este convenio en 1823, animados del mismo 
objetivo de mancomunar los esfuerzos de todos los 
paises americanos en un interés j enera! de unifica- 
ción y de garantía de sus derechos. 

Es evidente que si se tuvo en vista en ese pacto la 
conservación de la soberanía de las nacionalidades 
emancipadas de la colonia, se persiguió, al mismo 
tiempo, el reconocimiento de una fórmula de integri- 
dad de sus fronteras, como un homenaje a la paz en 
sus relaciones y el respeto de sus intereses lejítimos, 
a la vez que a los principios de seguridad de sus 
territorios. 

De esta aspiración de unión y de armonía, sinteti- 
zada en el convenio de Lima, provino la declaración 
del uti possidetis de 1810 que se hizo en 1847 por el 
Congreso de la misma capital. 

Como una garantía del derecho de posesión que 
cada nacionalidad del continente tenia a los territo- 
rios ocupados al hacerse libres, se proclamó aquel 
principio fundamental de demarcación de fronteras 
en América. 

De aquí se deduce que en América surjió con la 
organización de sus sociedades republicanas, la doc- 
trina jurídica y política del arbitraje internacional 
que todas las naciones del orbe civilizado aceptan y 
preconizan como la base de la paz universal. 

A este propósito concurría Bolívar al recomendar 
la conveniencia y la necesidad de mantener la armo- 
nía de relaciones entre los pueblos americanos. 

Del cumplimiento de los pactos aceptados y esta- 



— 20 — 

blecidos como códigos internacionales, debía resultar 
la paz y el ejercicio del derecho lejítimo de todos los 
pueblos del continente. 

Animado de ese anhelo poderoso, perseveró en su 
proyecto del Congreso de Panamá y en 1824 dirijió 
una nota a los gobiernos de las naciones constituidas 
patentizando la influencia decisiva y favorable a un 
progreso constante que habría de ejercer en el de- 
sarrollo de estos países el obedecimiento a un princi- 
pio de comunidad internacional como el enunciado. 

* * 

La asamblea de Panamá se celebró en 1826, con la 
concurrencia de los delegados de Colombia, Centro 
América, Perú y Méjico. Chile, gobernado por Freiré, 
no envió representante porque no se hallaba reunido 
el Congreso que debia autorizar su designación y en 
cuanto a la Eepública Arj entina la guerra con el Bra- 
sil circunscribía todas sus miras públicas. 

Las conclusiones del Congreso fueron otras tantas 
ratificaciones del tratado del Perú y Colombia suscrito 
en 1822, estipulándose otros principios de derecho 
público que han obtenido título jurídico en el cuerpo 
de doctrina codificado del continente. 

Aun cuando estos protocolos internacionales han 
contribuido a hacer mas sólidos los vínculos de razas i 
de tendencias políticas de los pueblos americanos, 
ellos no han llegado a prevalecer como lejislacion 
continental porque fueron revestidos solo de carácter 
diplomático. 

De esta circunstancia han provenido las iniciativas 
de los Congresos posteriores que han sucedido al de 
Panamá. 



— 21 — 

El gobierno de Méjico promovió el Congreso de 
1847, que se reunió en Lima, el cual no contó con 
los plenipotenciarios de todas las repúblicas ameri- 
canas, por mas que todas ellas prometian adherirse 
a sus acuerdos. 

A esta asamblea corresponde la mayor gloria en 
sus propósitos de paz continental, pues sus estipula- 
ciones forman leyes reconocidas i respetadas en toda 
la América como la declaración del uti possidetis de 
1810, que es el derecho de dominio que cada sección 
americana tenia en la época de la revolución que pro- 
dujo el cambio político de la independencia, como base 
de la demarcación de límites en el territorio ocupado 
por cada una de las nuevas Eepúblicas. 

De este principio de derecho político incorporado a 
la lejislacion continental, ha debido arrancar toda su 
fuerza i todo su prestijio el arbitraje americano en 
las controversias que se han suscitado con motivo de 
la demarcación de fronteras de estos paises vincula- 
dos por la naturaleza. 

Por desgracia las ambiciones de predominio de los 
gobiernos inescrupulosos como las audacias del cau- 
dillaje militar, han desvirtuado estos principios de 
armonia que han podido ser las piedras miliarias del 
bienestar i de la grandeza de estos pueblos hermanos 
por la sangre i por la cuna como por las instituciones. 

Las asambleas que se han celebrado después, como 
la de Santiago de Chile en 1856 i la de Lima en 1864, 
han tenido por objeto mantener la unión americana, 
con eficacia suma cada vez que se ha tratado de la 
defensa de estas naciones contra los avances de Es- 
paña, pero sin que se haya logrado fundar una codi- 
ficación internacional completa. 



— 22 — 

No se lia ñmdado el principio del arbitraje, para 
hacer efectiva la paz, con el carácter de una lei que 
todas las naciones deben respetar y obedecer, en sus 
diferencias internacionales, quedando solo como un 
recurso que cada pais puede adoptar por su propio 
y vital interés de nación para obtener el reconoci- 
miento de su seberanía y mantener su integridad 
territorial. 

Eecientemente lo han puesto en práctica en sus 
diferencias del territorio de Misiones el Brasil y la 
Eepública Arjentina, rechazándola esta última en su 
controversia de límites con Chile, no obstante de ser 
una estipulación de sus tratados. 

Esta contradicción de criterio, que provoca un con- 
flicto y desconoce una convención sancionada por sus 
respectivos gobiernos y congresos, resulta de la ac- 
ción discresional de cada pais en sus relaciones, aun 
con riesgo de perturbar la paz pública que es tan fe- 
cunda para todos los pueblos laboriosos. 

Si existiese establecido como una lei continental 
el principio de justicia y de equidad del arbitraje, no 
habria peligro de que jamas se interrumpiese el con- 
cierto de la paz y del trabajo de estos pueblos que 
deben esperarlo todo de la armonía de sus relaciones. 



Aparte de las exijencias del progreso constante de 
América, las repetidas tentativas de invasión de las 
potencias conquistadoras de Europa advierten a estas 
naciones de la conveniencia de establecer una conven- 
ción internacional que sea prenda segura de paz y de 
resistencia contra todo predominio estranjero. 

Aun palpita en el corazón y en la conciencia de la 
América libre el recuerdo de la invasión de Méjico y 



— 23 — 

de la ocupación de las Islas Chinchas, que hubo de 
espiarse en el suplicio de Querétaro y en el combate 
del Callao, y es necesario hacer comprender a la Eu- 
ropa que estos paises no toleran la reconquista ni la 
violación de su soberanía de naciones emancipadas 
de toda tutela de dominio. 

Hoi que resucitan la conquista y la colonia en las 
Antillas, con oprobio del prestijio americano; que 
renueva las invasiones europeas la Gran Bretaña en 
Nicaragua y en el Brasil, y que amenaza la paz de 
dos pueblos americanos el ardor bélico de las ambi- 
ciones políticas, vuelve a reaparecer en el debate pú 
blico el problema del arbitraje y de la fraternidad por 
las vinculaciones internacionales. 

La Europa conquistadora, devorada por el paupe- 
rismo y el proletariado, pretende estender sus do- 
minios en la vírjen América que no conoce las pasio- 
nes demoledoras del socialismo. 

Pero si este es un peligro, si esta audaz invasión 
es una amenaza para la integridad y la soberanía de 
la América libre, no lo es tanto como si se enseñorease 
en el continente la borrasca asoladora de la guerra 
anulando todos los progresos alcanzados en cerca de 
un siglo de vida libre, de trabajo y de paz. 

El arbitraje internacional debe ser adoptado en 
América, conforme lo ha prescrito el Congreso de la 
Haya en 1894, como la abolición de la guerra entre 
las naciones. 

A fin de sustituirlo a las violencias de las armas, 
que se establezca como un principio de lejislacion je- 
neral en el continente. 

A imitación del Congreso de Jinebra, que lejisló 
la paz como necesidad suprema del progreso, la Amé- 



— 24 — 

rica libre debiera proclamar como doctrina de la de- 
mocracia, la abolición de la guerra en sus cuestiones 
de fronteras y no reconocer otro principio jurídico 
que el arbitraje como solución de sus desacuerdos 
jeográficos. 

Víctor Hugo, esclamaba en el Congreso de la Paz 
de Jinebra: «Fúndanse todos los cañones y eríjase 
una columna inmensa con su metal, colocándole al 
pié este epitafio: aquí yace la guerra. » 

Si esta proposición política llegase a ser materia 
de una codificación, la humanidad habría realizado 
la doctrina de Jesús: — todos serian hermanos. 

América posee los elementos para hacer positiva 
esta fórmula jurídica: su raza es una y sus institucio- 
nes jiran alrededor de una lejislacion uniforme. 

La proclamación de un derecho público común, en 
una asamblea de solidaridad continental, daría forma 
de doctrina a esta lei de unión y de paz. 

La América se compone de naciones de un mismo 
oríjen y que un mismo destino identifica. 

Su mancomunidad es un impulso de su sangre y 
de su misión, a la vez que de sus instituciones de 
uniformidad política y social. 

Debe constituir una familia de pueblos, como for- 
ma una nacionalidad de razas, vinculada por los no- 
bles ideales del trabajo y del progreso universal. 

A semejanza de la Union Latina, los congresos del 
comercio y de la organización de los gremios, la Amé- 
rica debe tener como base de su bienestar un derecho 
público fundamental que se aplique por un tribunal 
de arbitraje o un Congreso de paz. 

Así como se celebran convenciones monetarias, que 
dictan la unidad del cambio; asambleas para fijar las 



— 25 — 

tarifas mercantiles y los jornales; congresos para pro- 
tejer a los individuos y la propiedad y los bienes, 
del mismo modo se deben celebrar congresos que re- 
conozcan el respeto al derecho y que ahorren la vida 
y la sangre de los hombres y los pueblos que se sa- 
crifican por sus nacionalidades. 

En vez de añadir a las disensiones domésticas nue- 
vas dificultades de perturbaciones internas, se debe 
procurar suprimir toda cuestión que emane de apa- 
sionados intereses o de aberraciones de criterio. 

Si cuando se trata simplemente de los individuos 
se recurre a la justicia ordinaria, con mayor razón al 
relacionarse con las grandes colectividades, con los 
pueblos prósperos y cultos, con las naciones en des- 
envolvimiento de sociabilidad múltiple, sé debe adop- 
tar el temperamento de la mas alta equidad para no 
comprometer tan valiosas instituciones en diferen- 
cias sangrientas y destructoras de civilizaciones pe- 
nosa y noblemente conquistadas. 

Nadie tiene atribuciones lejítimaspara malograr la 
prosperidad ajena y todos debemos respeto a las mas 
caras como a las mas modestas situaciones de la so- 
ciedad y de los pueblos. 

Nuestro deber como paises progresistas, es pro- 
pender al mayor ensanche de la cultura y de la pros- 
peridad del continente. 



<0-?^H~HHI^M> 



^srg>> ^5 ^^»«- a^ SK gka -««^»- ^ó frK, n <s&i>.. ^ «frce^ 



CUESTIONES INTERNACIONALES 



LA PEENSA Y EL AEBITEAJE 



Sin la acción franca y resuelta de la prensa en el 
debate de las cuestiones mas trascendentales, no se 
resolverían con justicia y elevación de miras los pro- 
blemas que se relacionan con la estabilidad de las 
naciones. 

Haciéndose intérprete de las aspiraciones y los 
intereses de todos, vinculándose por lazos de común 
solidaridad con las instituciones y los pueblos, forma 
la opinión de gobiernos y congresos, dirijiéndo, en 
muchos casos, los destinos públicos. 

De esta influencia reguladora en la suerte de los 
paises que la prensa ejerce en la época contemporá- 
nea, arranca la denominación histórica, que le corres- 
ponde en el progreso universal, de cuarto poder del 
Estado. 

Aparte de los ejemplos que la civilización presenta 
en el mundo entero, las vicisitudes políticas naciona- 
les ofrecen constantes demostraciones del poder de- 
cisivo de la prensa en la sociabilidad de los pueblos 
libres. 

Al iniciarse la revolución de la independencia, fué 
un elemento de propaganda tan eficaz como fructífero 



— 27 — 

que sembró, en todas las almas y conciencias, las 
ideas jenerosas de la soberanía. 

El período de la organización republicana ha sido 
un auxiliar jeneralizador de los principios de pros- 
peridad y cultura como de riqueza y trabajo. 

La paz pública, el orden social, la armonía de los 
ciudadanos y de los poderes establecidos, han tenido 
un apoyo inquebrantable en la prensa bien inspirada 
y dirijida con nobles propósitos de bienestar. 

No así, por cierto, la prensa disociadora que ha 
pretendido desarraigar las leyes sociales y civiles que 
sirven de base a las instituciones y de garantía de 
los derechos de las personas. 

Esta prensa ha perturbado siempre el desarrollo 
de la civilización, llevando la inseguridad a todos los 
hogares y la ajitacion al seno de las sociedades mas 
bien constituidas. 

Esta influencia inquebrantable en la organización 
de los paises de la preciosa prerrogativa de la prensa 
libre, le marca también una responsabilidad tan alta 
como la fuerza irresistible que la acompaña y la pres- 
tijia. 

Sobre todo en los conflictos internacionales, en que 
la acción pública está mas espuesta a los supremos 
peligros sociales, de la revolución o de la guerra es- 
terior, la actitud de la prensa asume mayores solida- 
ridades patrióticas y políticas, porque con sus doctri- 
nas o sus principios contajia y exalta la opinión. 

II 

Hoi la prensa de nuestro pais atraviesa por una de 
estas faces características de la vida de los pueblos 



— 28 — 

en sns relaciones con las naciones en controversia 
internacional. 

Se debate en ella el mejor derecho a la posesión 
de territorios en sus fronteras. 

Una deplorable perturbación de criterio o de apa- 
sionamiento premeditado, se pronuncia adverso a 
nuestra patria en el campo de la publicidad del Plata, 
no sin que en nuestro pais se alcen voces autorizadas 
en el diarismo para convertir en huracán el pampero 
que sopla en las cumbres de las cordilleras. 

Se ha querido llevar la diplomacia al periodismo, 
hasta el punto de reclamar el olvido de los tratados 
vij entes contra la tradicional honradez pública de 
nuestro pais. 

Chile no ha necesitado jamas romper con una mano 
los protocolos suscritos por sus representantes, para 
levantar con la otra la bandera de su integridad. 

Una política incorruptible, que le ha conquistado 
el buen nombre de república modelo en América, le 
marca el rumbo de su deber en sus relaciones y en el 
conflicto a que se le arrastra. 

Los tratados internacionales son obligaciones que 
no prescriben sino cuando se cumplen y no será 
nuestro pais el que introduzca modificaciones en su 
conducta en la severa aplicación de sus disposiciones, 
por mas que se le pretenda amedrentar con las des- 
membraciones de la conquista. 

Las espansiones territoriales no han sido su polí- 
tica internacional. 

Si alguna vez ha debido imponer su lei de vence- 
dor, lo ha hecho conforme al derecho público recono- 
cido en todos los códigos que reglan la estabilidad de 
las naciones. 



— 29 — 
III 

Una política estrana, desconocida hasta el presente 
en América, desarrolla la prensa arjentina, qne ame- 
naza en su soberanía al Uruguay y a Bolivia. 

Su objeto es el sometimiento de Chile. 

Mientras sus diaristas proclaman que la militariza 
cion de sus conciudadanos es una conveniencia im- 
prescindible, a nuestro pais no le reconocen la lejíti- 
ma necesidad de hacer lo mismo por su salud pública. 

Chile se mantiene tranquilo dentro de sus propios 
límites. 

No busca la asociación de ningún otro pais para 
defenderse de las agresiones. 

La prensa arjentina se afana, por el contrario, en 
obtener la comunidad de Bolivia para aplastar a esta 
pequeña nacionalidad que la exalta con su calma im- 
perturbable. 

Aquella prensa no medita la responsabilidad que 
contrae con una política tan peligrosa. 

¿Será preciso seguirla en terreno tan escabroso? 

La prensa de Chile no puede imitarla, puesto que 
su programa es el arbitraje en la controversia de sus 
desacuerdos jeográficos. 

El hecho de haber la Eepública Arjentina asociado 
la cesión de una zona de Bolivia a la cuestión de 
límites con nuestro pais, no debe apartar a la prensa 
de su regla de conducta serena y elevada en su preco- 
nización del principio nivelador del arbitraje. 

¿Qué aquel pais se arma contra el nuestro? 

Mejor, así nos enseña a ser previsores. 

No se apresta, sin duda, ahorrar con sus bayonetas 
el fallo de Misiones. 



— 30 — 

Tampoco se dirije su política a anexarse el Uru- 
guay- 

Ni mucho meuos su interés es el de incorporar a 
sus dominios las provincias de Bolivia que comunica 
con el Pacífico nuestro ferrocarril de Antofagasta. 

Su organización militar es una advertencia para 
nosotros. 

Aceptémosla, pero combatamos con acopio de bue- 
nas razonss, su propaganda periodística que es un 
desconocimiento de los deberes de la fraternidad con- 
tinental. 

IV 

La prensa arj entina presume de ser la mas adelan- 
tada de América. 

Empero, en su cosmopolitismo olvida los principios 
proclamados por la civilización moderna. 

Eechaza el arbitraje y discute con un espíritu tan 
intransigente que promueve la guerra contra el de- 
recho de la paz. 

Excita las pasiones de sus muchedumbres populo- 
sas y desconoce aquella franca declaración de los pu- 
blicistas europeos, como Julio Simón y Emilio Caste- 
lar, y de estadistas como Lord Eosebery, que el ma- 
yor peligro para el mantenimiento de la paz es la 
intemperancia de la prensa. 

En vez de contribuir a formar la liga internacional 
que fué el ideal de Bolívar, realiza el desconcierto 
americano que tan elocuentemente ha combatido Fi- 
lemon Buitrago desde sus revistas Las Dos América® 
y América en París. 

Esta política fué iniciada y puesta en práctica por 
uno de los estadistas arj entines, como lo demuestra 



— 31 — 

el publicista del Plata don Alejandro Calvo en su 
libro Política Americana. 

Correspondió al señor ministro don Rufino de 
Elizalde rechazar, en 1856, los protocolos del Con- 
greso Americano que se reunió en Santiago, presen- 
tados por el representante del Perú. 

Esta política de reservas y de sospechas solo en- 
jendra antagonismos funestos para la recíproca armo- 
nía de los pueblos americanos, que se deben mutua 
solidaridad, aun en aquellas cuestiones de derecho 
internacional privado, que pueden dar lugar a dife- 
rencias como la que amenaza convertirse en lucha 
fratricida. 

Y 

Los congresos internacionales que se han celebra- 
do en Europa últimamente, han procurado establecer 
la responsabilidad de la prensa en el debate de las 
cuestiones que colocan a las naciones en peligro de 
interrumpir sus relaciones. 

No siendo posible lejislar sobre materia tan grave 
como es la libertad de la prensa, se ha propendido a 
la mejor intelijencia en la discusión de los conflictos 
internacionales como un medio de afianzar el prin- 
cipio del arbitraje. 

El Congreso de la Haya, en 1894, propuso esta 
regia de conducta en la publicidad de la prensa ofi- 
ciosa o militante, para suprimir uno de los elementos 
mas propicios a la guerra en el continente europeo. 

De sus conclusiones dedujo el publicista ameri- 
cano don Filemon Buitrago, argumentos patrióticos 
y saludables para los paises sud-americanos, no solo 



— 32 — 

con el anhelo de consolidar la paz entre estos pueblos 
sino de prestijiar el réjimen republicano. 

A ftn de no hacer mas difíciles e irreconciliables 
las diferencias o discordias de los países entre sí, se 
reclamaba la armonía en las apreciaciones de la pren- 
sa, poniendo término a las soluciones públicas por 
medio del arbitraje. 

Se perseguía el humanitario pensamiento de su- 
primir las discusiones irritantes que suelen ser a 
menudo el prefacio de las contiendas armadas. 

La prensa mas autorizada de Europa se pronunció 
en favor de este principio de progreso y de paz con- 
tinental y al presente es no solo una norma de con- 
ducta del periodismo sino una regla de publicidad. 

En el Congreso de los Periodistas de Londres, 
Emilio Zola espresó la idea de que la prensa formara 
la unión de las naciones para ayudar al apacigua- 
miento de las querellas y al reinado de la justicia y 
de la paz. 

¿Por qué la América se ha de escusar de servir 
estas doctrinas civilizadoras? 

¿Acaso su periodismo continental tendría la pre- 
tensión de innovar contra las propias declaraciones 
de su mancomunidad de razas? 

Ya es tiempo de que evitemos desdorosos paralelos 
como los que El Tiempo de Paris ha formulado cou 
motivo de la inestabilidad de los gobiernos america- 
nos por el azar de las revolucisnes. 

Las contiendas sangrientas entre las naciones del 
continente son guerras civiles dentro de la raza, que 
acusan no un estado dé esfervescencia social sino un 
desconocimiento completo de la fecunda y gloriosa 
doctrina de la independencia, 



— 33 — 

Si los gobiernos que rijen estos pueblos son obras 
de la opinión, no deben ser abolidos ni derribados 
por las revoluciones. 

Del mismo modo si de la mayor estension de las 
relaciones de estos paises se obtiene un impulso mas 
vigoroso para su prosperidad i bienestar, su deber 
es robustecer esa armonía de asociación para asegu- 
rar su engrandecimiento. 

VI 

De los errores de la política interna de. los paises 
americanos proviene, en su mayor parte, la falta de 
estímulo y de paz que preside la vida de las socie- 
dades. 

Se sufre la influencia del sectarismo. 

El partido es una idolatría. 

Hai un paganismo político en ejercicio como reli- 
jion cívica. 

No es tanto el amor a la patria como la ambición 
de intereses en conflicto lo que empuja a hombres y 
agrupaciones. 

Las grandes colectividades, que representan la na- 
cionalidad, son, jeneralmente, jenerosas, posponen 
sus justas aspiraciones por el bien de la patria. 

Es esto lo que pasa en la Eepública Arj entina. 

A una serie de revoluciones que trabajan su orga- 
nismo social y político, se ha unido, en estos últimos 
tiempos, la sucesión de sus gobernantes que han es- 
collado, precisamente, en la opinión ajitada por la 
prensa. 

Allí se desenvuelve una política de contradic- 
ciones. 



— 34 — 

¿Y será posible que por intereses políticos que no 
se pueden conciliar se precipite al pais a la vorájine 
de la guerra? 

El pueblo arj entino debe resolver este problema 
que afecta su propia soberanía. 

YII 

Las dos corrientes opuestas que se desenvuelven 
en la prensa arjentina, es la mejor prueba de la lucha 
de intereses políticos que las orijinan. 

No se dirijen a impulsar el florecimiento de sus 
grandes centros de población, sino a lanzar esas aglo- 
meraciones humanas a la estepa de la pampa en son 
de lejiones conquistadoras. 

Las espansiones intelectuales se esterilizan en la 
vorájine de la polémica ardiente que enciende las 
pasiones de las multitudes. 

Esa emulación poderosa de las nuevas aspiraciones 
de cultura que encarna la paz, no alienta el impulso 
del perfeccionamiento de la sociedad. Solo es allí per- 
severante, vigoroso y uniforme en las esferas de la 
política militante, el ardor de la batalla que con pers- 
pectivas de botin arrastra a los que no anhelan un 
porvenir de laboriosidad y progreso. 

El individualismo combate el arbitraje porque am- 
biciona el sometimiento de la nacionalidad. Aquella 
grandeza estraordinaria que soñaba Marmol y que 
fué también un voto jeneroso de Lamartine para la 
América, es en el Plata una ironía porque su prensa 
batalladora no tiene mas credo ni mas programa qué 
la guerra en el continente. 

La responsabilidad, que es un código en todo el 



— 35 — 

orbe civilizado, es letra muerta para esa prensa que 
resucita de su sepulcro de polvo el gauchaje político, 
doblemente sepultado por el estro festivo del poeta 
Ascasubi. 

La epopeya gaucha debe dejarse en los poemas lí- 
ricos de Rafael Obligado. 

¿Para qué sacudir sus ídolos en el campo de la ci- 
vilización, existiendo museos históricos para su re- 
cuerdo i su idolatría? 

La guerra gloriosa del siglo es la de los talleres y 
las industrias, la guerra del trabajo y de las reformas 
sociales, la guerra que no reconoce otros héroes que 
el jénio y el apóstol. 

Proclámese la paz, por la lei del progreso, siendo 
su fundamento la fraternidad. 

A este noble fin encaminaba sus resoluciones el 
Congreso de la Haya, en 1894, cuando decia en una 
circular a la prensa de Europa: 

«Para que el espíritu de justicia llegue a poner fin 
en el mundo a las prácticas sangrientas y bárbaras 
de la guerra, es esencial velar a fin de que él no lle- 
gue a estraviarse ni a sufrir menoscabo. 

«Todos los conflictos que se han suscitado entre 
pueblos amigos y que los han arrastrado a la guerra, 
han sido orijinados ya por sensible mala intelijencia 
en sus relaciones, yn, por egoismo internacional. 

«El egoismo tiene por fuente una exaj erada am- 
bición o una falsa idea de la verdadera grandeza». 

Aquella asamblea tuvo la noble idea de lejislar el 
principio universal de la armonía por medio del ar- 
bitraje en las cuestiones internacionales y la justicia 
y la equidad cu sus deliberaciones públicas. 

El reconocimiento del arbitraje afianza la fe en los 



— 36 — 

tratados y pone sello definitivo de rectitud a la di- 
plomacia artera y peligrosa que ha revuelto el mun- 
do y que ha puesto en peligro siempre la paz conti- 
nental. 

Las nacionalidades americanas deben acojerse a 
este principio como a un auxiliar poderoso de su 
bienestar y prosperidad, aparte de las obligaciones 
que tienen contraidas con sus constituciones republi- 
canas en las que se proclama el respeto mutuo de 
todos los derechos. 



CUBA REDIMIDA 



.«g^g^. ^^fe,. <L¿£s )«fr Oks ^sM^ <^<^>ko ¿S2¡te>,. a^S) <fr S\* ..(j5 



LA REDENCIÓN DE CUBA 



Debeees de América 



Al Señor Pedro del Rio. 

En las postrimerías del siglo y cuando la libertad 
es patrimonio de casi toda la América, impera toda- 
vía la colonia española en las Antillas. 

La Isla de Cuba y Puerto Eico permanecen enca- 
denadas a la dominación peninsular. 

Son colonias esclavas y tributarias, que no disfru- 
tan de ninguna prerrogativa civil y política, como 
las poblaciones sometidas de la India. 

Inmensos presidios productores, que solo tienen 
derecho a la vida penosa de la producción para abas- 
tecer a la España feudataria que se sustenta de la 
riqueza natural y elaborada de sus fecundas tierras. 

Colonias militares donde la sociabilidad no goza 
de otra franquicia que la de respirar su ambiente 
nativo, porque la nación dominadora no ha podido 
trasplantar a su clima y a sus costumbres otra atmós- 
fera que la que constituye la vitalidad americana. 

La España no ha conseguido introducir en sus colo- 
nias el espíritu de sus hábitos, recibiendo, en cambio 



— 40 — 

en sus orgiúlosas capitales, el aliento de actividad y 
juvenil entereza de las razas que sojuzga en sus es- 
fuerzos y en su soberanía. 

Por medio de las letras y la influencia artística e 
intelectual, Cuba y Puerto Rico han llevado a la so- 
ciabilidad española y a su literatura, ideas de inno- 
vación y de progreso, en armonia con las tendencias 
modernas de independencia universal. 

Pero el estado de educación apegado a los títulos 
y a los privilejios, como a los usos de trabajo tribu- 
tario, lian impedido la asociación de aspiraciones y 
de principios de reforma en el seno de los partidos y 
de las colectividades españolas con los centros de 
opinión americana de las Antillas. 

Los republicanos españoles han abandonado las 
situaciones políticas en las que se han presentado 
oportunidades para establecer las instituciones de- 
mocráticas sobre la monarquía, propendiendo a la 
emancipación de las colonias. 

En los actuales momentos del conflicto de Cuba y 
de la prensa y el ejército en Madrid, la evolución 
republicana ha estado a punto de operarse sin mayores 
sacrificios de sangre y de patriotismo. 

La revolución de soberanía nacional que ajita las 
Antillas, ha debido servir de estímulo a los republi- 
canos españoles para seguir el ejemplo de la Francia 
democrática, que tiene al presente como su primer 
majistrado a un antiguo curtidor de sus talleres in- 
dustriales. 

El pueblo peninsular ha visto, acaso con asombro, 
que el partido republicano se ha mantenido impasi- 
ble en presencia de la exaltación del militarismo al 
poder, predominando sobre las leyes i las institucio- 



— 41 — 

nes y aboliendo el soberano derecho de la inviolabi 
lidad de la prensa. 

Solo el heroico partido separatista antillano, hí 
cumplido con la mas altiva dignidad sns deberes po 
Uticos y humanos dando todos sus brios al movi 
miento redentor de Cuba. 

El predominio español en las Antillas se derrumba 

Es un resultado previsto desde hace muchos años 
Después de la independencia del Brasil, ya no era 
posible que subsistiese una colonia en América. 

La emancipación americana es una protesta cons- 
tante y solemne contra la dominación de España ec 
las Antillas, al lado de la nacionalidad mas poderosa 
de la democracia del siglo. 

Corresponde a los pueblos libres del continente, 
reconocer la beligerancia del gobierno provisional 
que se organice en Cuba proclamando su soberanía. 

Este acto es una obligación de solidaridad ame- 
ricana. 

Los paises de América contrajeron, con la inde- 
pendencia, el compromiso eterno e imprescriptible 
de no permitir jamas la intervención estranjera en el 
continente. 

La invasión europea ha sido castigada en el ca- 
dalso en Méjico y en las riberas del Plata fué recha- 
zada, con heroismo ejemplar, en los dias de la orga- 
nización republicana. 

Póngase sello perdurable, por los lazos de la común 
solidaridad, a la libertad de los pueblos en el conti- 
nente de América. 

II 

La revolución de la independencia de Cuba, ini- 
ciada con el grito de Villa Clara, precursor del pro- 



— 42 — 

nunciamiento de Yara, en 1868, es un acto honroso 
Y justiciero que está exijendo la dignidad americana 
desde 1810. 

La España no ha sabido engrandecer su espíritu 
castellno en las Antillas. 

Sus masas guerreras solo han probado que no resis- 
ten ni las influencias del clima como lo demostraron 
en la guerra de Santo Domingo. 

Mucho menos decisiva ha podido ser su acción la- 
boriosa en el desarrollo de la sociabilidad de sus co- 
lonias. 

A través de cerca de un siglo de independencia, 
las naciones americanas, que fueron sus tributarias, 
no logran sacudir del todo las preocupaciones que 
legara a las jeneraciones nuevas. 

España no ha tenido, ni lo tendrá jamas, ni aun 
bajo el mejor de los rejimenes republicanos, el sen- 
tido social de trasfundir a sus colonias las tendencias 
laboriosas de la Gran Bretaña, cuyo ejemplo mas 
positivo lo ofrecen los Estados Unidos. 

Francia lleva a todas partes su espíritu de refinado 
buen gusto por la cultura. 

Holanda esparce las liberalidades comerciales. Di- 
namarca, Italia, Béljica, Alemania conducen en sus 
aglomeraciones de raza los impulsos del progreso 
moral y físico, permitiendo las mayores franquicias 
al espíritu de instrucción j enera!. 

España solo procura conservar las ejecutorias no- 
biliarias, sin permitir que los pueblos sometidos a su 
tutela se reconozcan sus semejantes. 

Bastaría para revelarse contra su tutoría feudata- 
ria en América, la persecución sangrienta (pie lia 
sostenido contra el jenio antillano. 



— 43 — 

Heredia, el bardo cantor del Niágara, vivió como 
un paria, proscrito de sus lares porque amaba la liber- 
tad de su infortunada isla. 

El periodista Domingo Goicuria, uno de los refu- 
jiaclos cubanos en Nueva York, a quien nuestro ilus- 
tre compatriota Benjamín Vicuña Mackenna hospedó 
en La Voz de América, fué inmolado en el patíbulo 
con la misma crueldad con que se sacrificó al tierno 
poeta Juan Clemente Zenea. 

Así vagan en nuestros dias por las naciones ame- 
ricanas, el poeta de Las Tinieblas del Alma, José 
Joaquin Palma y Rafael Maria Merehan, el eminente 
crítico asilado en Colombia, que honrarían a Grecia 
con sus obras y su injenio. 

El ostracismo está poblado de esas intelijencias su- 
periores, que ganan el pan en las escuelas, en las- 
librerias, en las imprentas, en los teatros, mientras 
publican las glorias de Cuba en sus cantos, en sus 
libros, en sus jenerosas acciones nacionales, como 
Sellen, como Pifíeyro, como Albertini, argumentos 
vivientes de la fraternidad continental. 

III 

La rebelión de Cuba contra la España, comienza 
como en toda la América, desde la conquista. Así 
como nuestra raza araucana, la población indíjena 
resistió la invasión peninsular. 

El poema Hatuey, del inspirado bardo cubano 
Francisco Sellen, es la mejor historia de este jene- 
roso impulso de independencia. 

Én la epopeya del cacique de Guajaba, está en- 
cerrada la historia de la rebelión de Cuba desde los 
oríjenes de la colonia. 



— 44 — 

Céspedes, en 1868, desde Yara, respondió a esa 
aspiración nacional de su pais, que ha tenido su en- 
carnación en la raza nativa. 

Todos los hijos de Cuba, que han tenido su cuna 
en la Habana, en Matanzas, en Bayamo, de sangre 
lejítima antillana, esparcidos en el destierro, obede- 
cen a esa levantada iniciativa de autonomía que se 
fomenta en Tampa, Cayo Hueso, Nueva York y don- 
de quiera que lata un corazón patriota en pecho ver- 
daderamente cubano. 

Cuba no pudo emanciparse al par que Venezuela 
y Nueva Granada, porque su posición jeográfica lo 
separa de todo contacto fronterizo. 

Esta misma condición de aislamiento ha favorecido 
a España para dominarla, sirviéndole de cárcel el 
océano que la rodea. 

Separada de los demás paises, no ha tenido apoyo 
directo de ningún pueblo americano, por mas que 
ellos hayan sido tiendas de proscricion de todos sus 
hijos sin patria y sin hogar, como lo tuvieron Nueva 
Granada de Venezuela, el Ecuador de Colombia, el 
Perú de Chile y Chile de la República Arj entina. 

Méjico y Estados Unidos no han protejido su an- 
helo de redención, como Bolívar quiso hacerlo desde 
Jamaica. 

Los proscritos de sus prodijiosas zonas, que han 
recorrido la América en pos de socorros para cortar 
las cadenas que la oprimen, no han encontrado nada 
mas que simpatías, pero esa fraternidad de sentimien- 
tos no basta. 

Es preciso la protección de los elementos de liber- 
tad, de resistencia y de reconocimiento de su sobe- 
ranía. 



— 45 — 

José Marti, el propagandista múltiple, qne preside 
el trabajo activo de la evolución en Nueva York y 
que ahora dirije el movimiento insurreccional, ha pa- 
seado por todo el continente el pabellón azul de la 
idea de libertad de Cuba, sin encontrar el amparo 
siquiera moral que en 1865, Chile, el Ecuador y Bo- 
livia le brindaron al Perú agredido por la España. 

Desde Nueva York, dos hojas civilizadoras, des- 
plegadas como banderas de combate, El Porvenir y 
Patria, escrita la primera por Enrique Trujillo y la 
última por José Marti y Gonzalo Quezada, han im- 
preso al movimiento de opinión de los Clubs de los 
Independientes de Cayo Hueso y Tampa, con su pro- 
paganda incesante, la marcha progresiva de la j ene- 
rosa campana. ¿Permitirá la América que tan nobles 
ideales sucumban? 

Paitaría al testamento lejendario de 1810, que es- 
cribieron San Martin en Chacabuco, Sucre en Ay acu- 
ello y Bolívar en Junin, con la sangre de sus venas. 

En Cuba 1.700,000 almas se ahogan en una cárcel 
de 120,000 kilómetros cuadrados, porque les falta el 
aire de la independencia humana. 

Una población densa, como ninguna otra de Amé- 
rica, que alcanza a 900,000 habitantes, se estingue 
en un territorio de 9,400 kilómetros en Puerto Eico, 
en medio de una atmósfera de esclusivismo colonial. 

¿Se verá impasible el sacrificio de esos pueblos, 
que son nuestros hermanos, asaltados por los soldados 
de la conquista peninsular? 

Póngase al lado de Cuba la América toda, y maña- 
na flameará una nueva bandera libre en el edificio 
constitucional del continente. 

Los cubanos serán en el porvenir, republicanos del 



— 46 — 

hemisferio, un centro social tan brillante y progresista 
como Buenos Aires, como Nueva York, como Rio 
Janeiro. 

Sus poetas y sus novelistas no morirán, entonces, 
en el triste destierro como Augusto de Armas y Ci- 
rilo Yillaverde, ni en la negra desesperación de la 
patria como Julián del Casal. 

Los literatos insignes, como Manuel Sanguily, Nés- 
tor Ponce de León, Manuel de la Cruz, Rafael Maria 
Merchan, José Marti, José Joaquin Palma, Enrique 
Piñeiro, ya no se verán obligados a ir a vender en 
mercados estranjeros sus libros, sino que, asociados en 
la Academia Cubana, prodigarán sus conocimientos, 
de la esperiencia y del estudio, a sus conciudadanos. 

La Isla de Cuba podrá ser el refujio de todos los 
pensadores americanos que sueñan con la Atlántida 
moderna, arrullada por las sirenas de los mares y 
protejida por los jénios de la redención universal. 



<fM^h^^ 



g^51«í» ^\a .«Ó'^gK.. a^cV^Ko „-S&jtv,. i zJS )^ (&b^S *<&&? 



CUBA CAUTIVA 



SU LIBERTAD ES UN DEBER PARA AMÉRICA 



En los momentos históricos que Venezuela consa- 
gra a la glorificación del emancipador de los esclavos, 
José Gregorio Monagas, se proclama en Cuba la so- 
beranía de una nacionalidad. 

El pueblo antillano asume la actitud de la protesta 
militar sangrienta, después de haber reclamado du- 
rante medio siglo su autonomía. 

Desconocido su derecho de acción propia en el 
ejercicio de su independencia, ha continuado la revo- 
lución armada para disputar a España su libertad. 

Cuba se reconoce mayor de edad y se revela con- 
tra la tutoría impuesta por España, que la sojuzga y 
la somete a la esclavitud de los tributos y de la do- 
minación política. 

Este esfuerzo jeneroso revela los bríos de la raza 
americana y enaltece los principios civilizadores del 
siglo. 

Se cumple en las Antillas la tradición de la liber- 
tad de las colonias peninsulares, operada a principios 
de nuestra época, en obedecimiento a las leyes del 
progreso moderno y sobre todo, de la altivez en pre- 
sencia de la prolongación del antiguo réjimen español 
que ha continuado injertando el pasado en el espíritu 
nuevo de la cultura americana. 



— 48 — 

Para España no ha avanzado la civilización del 
siglo. 

Ha permanecido estacionario el período de la con- 
quista. 

Mientras las colonias rejidas por los sistemas pro- 
gresivos y humanos de Inglaterra, Francia, Holanda, 
Béljica, Alemania e Italia, se desenvuelven con el 
vigor de los adelantos de nuestro tiempo, las depen- 
dencias españolas representan el rol de presidios 
productores, donde no existe el trabajo como organi- 
zación social sino como castigo y como espoliacion en 
los tributos. 

La mas elocuente demostración de la tendencia 
colonial española, es el estado de atraso en que aun 
vejetan los pueblos que mantuvo sometidos en Amé- 
rica a su réjimen por la conquista. 

Nuestra patria es un ejemplo entre los paises mas 
adelantados de América. 

Después de cerca de un siglo de esfuerzos cons- 
tantes por la implantación de las instituciones repu- 
blicanas, todavia pugna por ejercer su predominio 
absoluto el réjimen colonial encarnado en el clerica- 
lismo, el cual no ha vacilado, en diversas épocas de 
nuestra historia, en manchar en sangre nuestro suelo, 
destrozando en guerras fratricidas nuestros pendones 
de libertad. 

Mientras que las colonias inglesas, belgas, france- 
sas, alemanas, holandesas y norte americanas llevan 
en su sociabilidad, en su cultura, en la prosperidad 
de su comercio, en el esplendor de sus industrias la- 
tente el espíritu de la raza impulsadora, que es como 
el instinto y el aliento de la tendencia progresiva y 
soberana del siglo y de la civilización contemporánea. 



— 49 — 

Estados Unidos, Australia, el Canadá, las Indias 
británicas, son, entre infinitos mas, ejemplos prodi- 
jiosos de ese réjimen colonial de riqueza, de autono- 
mía y de desarrollo universal. 

Cuba protesta con justicia, en nombre de las leyes 
de la civilización y de la libertad en América, contra 
la dominación de España, que carece de espíritu de 
humanidad, de tendencias progresistas y de alientos 
de común engrandecimiento, porque el egoísmo, en- 
gendrado por el orgullo español, ahoga en el seno de 
su sociabilidad los nobles impulsos de la cultura li- 
beral y niveladora de nuestra época, 



Un sentimiento de común solidaridad, que se ar- 
moniza con la organización republicana e indepen- 
diente de las nacionalidades americanas, impone a los 
pueblos del continente la obligación de fraternizar 
con el pronunciamiento de libertad de la isla de Cu- 
ba, que desde hace un cuarto de siglo combate con 
una perseverancia heroica por su emancipación polí- 
tica, 

El reconocimiento de la belijerancia del gobierno 
provisional que se ha establecido en la Antilla cuba- 
na, como un voto de simpatía y de adhesión al dere- 
cho de soberanía proclamado por ese altivo pueblo 
que rechaza la esclavitud, es un deber de nacionalis- 
mo, porque se cumple el programa de la emancipa- 
ción americana y se estimula el progreso de las insti- 
tuciones democráticas que fueron el credo de la 
revolución de 1810. 

Este, concurso moral, de comunidad patriótica, in- 
fluirá de un modo poderoso en la acción resuelta y 



— 50 — 

levantada de los abnegados hijos de Cuba que se sa- 
crifican por su autonomía nacional. 

Consúltense, no los intereses de las relaciones in- 
ternacionales, sino los nobles impulsos de la frater- 
nidad de raza, las aspiraciones de libertad para toda 
la América y de contemplar victoriosa la idea repu- 
blicana en todo el hemisferio y se producirá un mo- 
vimiento jeneral y uniforme de asociación a los 
esfuerzos de la isla cautiva. 

Los que hayan sentido en su pecho las angustias 
de la patria amenazada en su integridad territorial o 
de soberanía, pueden declarar si es justa la causa que 
Cuba representa. 

Aquellos que han sido soldados y que han ofren- 
dado su vida en las aras bendecidas y gloriosas del 
suelo nativo, dirán si es lejítima la campaña que Cu- 
ba sostiene desde 1868 por destrozarlas cadenas que 
la sujetan a España. 

Cualquier hombre que haya visto en peligro de 
muerte a la madre de su alma, que le diera su sangre 
y su vida, esclamará si es honrosa la defensa que los 
indomables cubanos hacen de la independencia de su 
patria. 

Todo aquel que haya sustentado una causa polí- 
tica, que haya sentido su frente abrasada por el calor 
de una idea y el pecho ahogado por el deseo de jus- 
ticia, puede decidir si es digna, si es humana, si es 
progresista, si es heroica la actitud de los hijos de 
Cuba que combaten y mueren por la redención de su 
idolatrada isla, por la sublime convicción de su libeiv 
tad civil. 

No es el botin de la riqueza que su prodijioso suelo 
atesora el que estimula su valor y su heroísmo. 



— 51 — 

Hace ya un largo cuarto de siglo que las cárceles 
son sus asilos; el destierro su peregrinaje; la tienda 
de campaña los bosques que los reñijian; el cadalso 
su calvario de martirio: toda su ambición y su for- 
tuna el anhelo de redención de su pais. 

Son millares los patriotas que han rendido su vi- 
da por salvarla de la opresión. 

Son incontables los proscritos que vagan por el 
mundo en pos del ideal de su libertad. 

Kecorred las escuelas, las imprentas, las librerías, 
los teatros, las academias, la prensa de los pueblos 
americanos y en todas esas instituciones de la civili- 
zación universal encontrareis ilustres hijos de Cuba 
perseverando por la independencia de su tierra natal. 

Su escudo y su bandera, luciendo en su centro la 
estrella solitaria, constituyen para el cubano todo su 
caudal. 

Lo demás, todo lo que es caro al hombre, se con- 
funde en el inestinguible afecto a la emancipación 
de su amada isla prisionera. 

Sus clamores han llegado a nuestro pais. 

Literatos y tribunos elocuentes han venido, en 
otro tiempo, a pedirnos nuestra ayuda fraternal. 

Antonio Zambrana y el Jeneral Manuel Quesada 
hicieron repercutir en el corazón del pueblo chileno 
los gritos de libertad que les arrancaba su patria 
oprimida. 

El discurso que el Jeneral Quesada pronunció en 
nombre de Cuba esclava, en una manifestación cívica 
que se le ofreció en la capital, solo es comparable en 
sus vibraciones patrióticas y de radiosa elocuencia, 
en los tonos épicos y en la rivalizadora enerjía de las 
ideas, al majistral alegato por la democracia que el 



— 52 — 

tribuno del Plata, Héctor Florencio Várela, hizo oir, 
con estremecimientos de batallas, en el Congreso de 
Jinebra. 

Parece que el ardor vehemente del ideal cubano 
de libertad, se encarna en la varonil jenialidad de 
sus soldados } T propagandistas, que como misioneros 
de redención recorren la América pidiendo un rayo 
de luz y de esperanza para su patria. 

Son todos hombres superiores que enaltecen a sil 
pais y a la América. 

No son los bandoleros que los españoles nos mues- 
tran teñidos en sangre, hambrientos de rapiña y ca- 
pitanes del crimen y la barbarie. 

Esos son atributos solo de los conquistadores colo- 
niales. 

Así pintaban también a nuestros heroicos guerri- 
lleros de la independencia. 

San Bruno persiguió a Manuel Bodriguez con "fie- 
reza de lobo que rastrea al viajero audaz que cruza 
sus selvas estraviadas y Marcó del Pont puso a precio 
su cabeza como un forajido. 

Los héroes de nuestra revolución emancipadora 
fueron marcados con esos estigmas de oprobio que 
hoi son de gloria para su patria y para la Amé- 
rica, 

La codicia de los conquistadores arrebató a Colon 
su merecida gloria y su galardón como descubridor 
de América y encendió la guerra civil, sembrando 
sus jérmenes de discordia en el Perú que era el Do- 
rado de Nuevo Mundo. 

Por avaricia diezmaron los tribus indíjenas y bis 
convirtieron en hatos de servidumbre, en vez de 
civilizarlas y trasform arlas en pueblos cultos v labo 



— 53 — 

riosos que, con sus brios naturales, habrían llegado 
a formar la sociabilidad mas homojénea del orbe. 

La actual organización de las naciones americanas 
comprueba este concepto que será un reproche eterno 
para España. 

En Cuba acontece lo mismo: el interés de la domi- 
nación peninsular se cifra no en la nacionalización, 
sino en el sojuzgamiento de la riqueza de esa abun- 
dosa zona antillana que la naturaleza ha colocado 
libre, como una perla prodijiosa, en medio del océano. 

¿Hasta cuándo tolerará la América ese sacrificio 
de la espoliacion cubana? 

Es un baldón que se presencie impasible la inmo- 
lación de un pueblo, al cual no solo se le quitan sus 
dones nativos sino que se le arrebata la sangre y la 
vida de sus mas altivos descendientes. 

La América libre y soberana no debe permitir que 
exista un pais esclavo de España en medio del con- 
cierto de sus nacionalidades constituidas en repú- 
blicas. 

La independencia de Cuba es una lei de la digni- 
dad de la América republicana. 

La civilización y la forma constitucional de go- 
bierno de estos paises, reclaman la organización po- 
lítica y social de Cuba en conformidad a la lejislacion 
democrática del siglo y del continente. 



■^-m^-^^m^ 



f«9^-^H^-<l©*-^«9^-«©?- , <3K9»-» GH&—W&- *Q&~*Q&. 



LA REPÚBLICA DE CUBA 



Solidaridad Americana 

A Antonio SanHbaftez Rojas. 
I 

La revolución emancipadora de Cuba, que domina 
las provincias mas estensas del territorio de la gran- 
de Antilla, ha organizado un gobierno nacional y 
libre en el valle de Yara. 

Jefe de este gobierno republicano, con el carácter 
político y militar, ha sido elejido por el voto de sus 
conciudadanos, el jeneral don Bartolomé Massó. (*) 

Este benemérito caudillo goza del prestijio y de 
las adhesiones de todos los ciudadanos de Cuba libre. 

El ilustre organizador del partido revolucionario y 



(*) Posteriormente se ha publicado la siguiente infor- 
mación: 

«El Congreso Cubano. — Nueva York, Setiembre 4 de 
1895. — Las noticias de Cuba dicen que el Congreso cu- 
bano ha nombrado Presidente de la República al señor 
Santa Lucía. Se agrega en los despachos que trasmiten 
esta noticia que el mencionado Congreso pedirá a España 
establezca en la isla una autonomía como la del Canadá». 



Oí) 



representante de sus intereses políticos José Marti, 
habia delegado en él sus atribuciones en el campo de 
batalla la víspera de partir para Jamaica desde el 
cuartel jeneral. 

Al morir, en la sorpresa de Dos Eios, Martí con- 
servaba entre sus papeles encontrados por los jefes 
españoles, el documento en que trasfería sus pode- 
res a Massó, mientras él se dirijía a cumplir la mi- 
sión gloriosa que se venia imponiendo desde hacia 
diez años: redimir a su patria. 

Los cubanos que ocupan el territorio libre de su 
suelo natal, como los que perseveran en sus nobles 
esfuerzos en la tierra hospitalaria que cobija su ostra- 
cismo, han elejido, en la misma forma del sufrajio, 
delegado en el esterior al respetable ciudadano don 
Tomas Estrada Palma, residente en Nueva York 
como director del Instituto que ha fundado y que 
lleva su nombre. 

La revolución cubana ha constituido simultánea- 
mente el gobierno político y militar, en armonía a 
sus principios con la mas uniforme solidaridad na- 
cional. 

El jefe militar desempeña sus funciones en el cam- 
po de operaciones del ejército libertador que cuenta 
en sus filas a los militares mas aguerridos y estraté- 
jicos de sus campañas de 1868, velando por el éxito 
de las armas. 

A su turno, el delegado político o diplomático en 
el estranjero, cumple las obligaciones de su cargo, 
dirijiéndo los trabajos del partido, la labor de los 
clubs y los servicios de aprovisionamiento de la guerra 
separatista. 

En el ejército se encuentran al lado de Massó, los 



— 56 — 

jenerales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Rafael 
Qnezada; rodeados de una lejion distinguida de jefes 
subalternos, como Agramonte, Boloff, Rabi, Garzón, 
Bandera, José Maceo y una centena mas tan brillante 
como esclarecida, conquistando en cada batalla un 
palmo nuevo de zona nativa. 

Al servicio del partido en el esterior, se hallan 
con el delegado Estrada Palma, el secretario jeneral 
don Gonzalo de Quezada y el tesorero don Benjamin 
J. Guerra, secundados por el joven heredero del 
mártir de Yara, Carlos Manuel Céspedes Quezada y 
los propagandistas Enrique Trujillo, Manuel de la 
Cruz, Manuel Sanguily y tantos otros tan abnegados 
como célebres en América. 

La organización del partido como del gobierno de 
la revolución cubana, consultan todas las exijencias 
de la situación política porque atraviesa la grande 
Antilla, asegurando el éxito glorioso de la campaña 
libertadora que en estos momentos atrae las miradas 
del mundo. 

II 

Todos los jefes y caudillos de la revolución cubana 
son personas caracterizadas, de posición social espec- 
table, de fortuna bien adquirida en el trabajo honrado 
y fecundo de un prolongado destierro. 

Son propietarios de valiosas heredades en los pai- 
ses donde han levantado la tienda de la proscricion 
para formar el hogar de sus familias. 

Cada uno de ellos ha abandonado los intereres 
cuantiosos que ha reunido en una labor constante, 
para ir a ofrendar a la patria su vida en aras de su 
libertad. 



— 57 — 

Del mismo modo los cubanos eminentes que han 
dejado la Habana y Santiago de Cuba, como el mar- 
ques de Santa Lucía, Manuel Sanguily y Manuel de 
la Cruz, han abandonado sus propios hogares y su 
bienestar para llevar el continjente de su cooperación 
poderosa al pronunciamiento separatista. 

El j enera! Máximo Gómez, abandonó su situación 
social de Santo Domingo, como Antonio Maceo en 
Costa Rica, y el j enera! Quezada sus intereses en Ve- 
nezuela, para trasladarse a la tierra patria que recla- 
maba su auxilio en el conflicto de su emancipación. 

El j enera! Quezada, al arribar a Nueva York, dirijió 
una proclama al pueblo norte-americano pidiéndole 
un auxilio de mil rifles y un millón de cartuchos para 
marchar a Cuba a combatir por su soberanía. 

Acto continuo fué atendida su patriótica solicitud 
y dias mas tarde se encontraba en tierra patria al 
frente de los soldados ciudadanos cumpliendo su ju- 
ramento de caudillo. (*) 

III 

La revolución cubana presenta un espectáculo her- 
mosísimo y ejemplar en la labor de sus caudillos y 
sostenedores. 

A una obra laboriosa y sin tregua de un cuarto de 
siglo, en el destierro, soportando los mayores desas- 
tres, se une la resolución inquebrantable de sus cons- 
tantes servidores. 

Los organizadores de sus trabajos han logrado 



(*■) Posteriormente el jeneral Quezada ha sido encar- 
gado ájente confidencial en Venezuela. 



— 58 — 

constituir, en bases permanentes, el partido revolu- 
cionario con sus propios recursos. 

Este partido está organizado en clubs que, en nú- 
mero de 130, se desenvuelven en centros sociales y 
políticos en los Estados Unidos y en toda la América 
republicana. 

Sus afiliados contribuyen con sus erogaciones pe- 
riódicas al sostenimiento y progreso de estos centros 
de propaganda y reclutamiento, trasformándose en 
soldados en los combates al llamado del deber mi- 
litar. 

De esta organización política militante de las emi- 
graciones cubanas, ha provenido el prestijio y el de- 
sarrollo de la revolución que viene consumando la 
independencia de las Antillas. 

Al proponerse labrar la emancipación de la isla de 
Cuba y contribuir a la libertad de Puerto Rico, los 
proscritos antillanos se han impuesto sacrificios con- 
siderables que dan a la revolución el mas alto pres- 
tijio y la mas honrosa significación. 

Formando su propio bienestar y el de su familia, 
han debido atender las obligaciones de su partido 
para llegar a conseguir la redención de su patria. 

Su trabajo ha tenido que ser doblemente fecundo: 
repartir sus productos entre su hogar y su patria. 

El sudor de su frente ha santificado el destierro y 
la causa de su libertad. 

Peregrinos sin patria, desde la tierra hospitalaria 
de su ostracismo, han vivido con la mirada fija en 
las costas de su isla amada, enviándole sus votos de 
libertad, jurándole eterna fidelidad y trabajando sin 
reposo por arrancarla de su esclavitud. 



— 59 — 
IV 

Ante este ejemplo de abnegación y de grandeza 
patriótica, la América libre no debe permanecer indi- 
ferente. 

Es un deber de solidaridad política reconocer la 
beligerancia del gobierno nacional de Cuba. 

La organización del Estado cubano ofrece todas las 
garantías de responsabilidad que exije el derecho 
internacional. 

Ocupa una estension territorial que representa la 
mayor zona de la isla; cuenta con un ejército de cerca 
de veinte mil hombres, dirijido y organizado por jefes 
esperimentados; un gobierno militar regula los actos 
de la campaña, a la vez que una delegación política 
o diplomática representa el partido revolucionario en 
el esterior. 

El actual delegado del partido revolucionario cu- 
bano, el eminente ciudadano y educacionista don 
Tomas Estrada Palma, ha sido presidente de la Re- 
pública en la campaña que inició Céspedes en 1868 
en Yara. 

La caracterización representativa de la indepen- 
dencia de Cuba es acreedora a los homenajes de todos 
los paises americanos. 

No es un movimiento aislado, de aventureros diso- 
eiadores, sin bandera ni credo político: es un pronun- 
ciamiento nacional, perfectamente organizado, con 
bases escritas y proclamadas por todos sus centros 
de filiación y militares. 

La nacionalidad está fundada en todo el territorio 
en que predomina la revolución, porque ejerce juris- 



-- 60 — 

dicción sin protesta y por el contrario con el recono- 
cimiento y la cooperación de los pueblos que gobierna. 

]So es una guerra civil la revolución de Cuba. 

Es una guerra nacional, en que el pueblo de la 
grande Antilla reclama su autonomía con las armas 
en la mano porque España le impone a cañonazos su 
dominación absoluta, 

El sacrificio que ese pueblo hace por su libertad, 
es una repetición heroica de la obra de la indepen- 
dencia americana que dio personalidad a los pueblos 
emancipados de la colonia en el continente. 

Su inmolación de 28 años, dia a día, alimentando 
su propia vida para rendirla en las batallas por su so- 
beranía de nación, es un verdadero llamamiento a la 
fraternidad de los pueblos libres para que se asocien 
a su emancipación como en las memorables jorcadas 
de la independencia de 1810. 

Cuba pide, dentro délas solidaridades de la libertad 
americana, el reconocimiento de su belijerancia como 
nación republicana. 

Es el reconocimiento de un derecho el que recla- 
ma, derecho que fué la primera declaración de la au- 
tonomía de las nacionalidades que hoi enaltecen la 
América. 

Chile, que en 1866, envió a los Estados Unidos al 
publicista Vicuña Mackeuna a ajilar la opinión, en 
La Voz de América, en favor de la libertad de Cuba, 
promoviendo un movimiento de mancomunidad con- 
tinental contra las agresiones restauradoras de Espa- 
ña, se encuentra en el deber de pronunciarse en el 
sentido de reconocer la belijerancia del gobierno pro- 
visional cubano. 

El reconocimiento de la beliierancia de la revolví- 



— 61 — 

cion cubana, envuelve no solo el ejercicio del princi- 
pio de la solidaridad continental, sino también un acto 
de protesta contra las manifestaciones de anexión de 
la isla de Cuba que en algunos paises americanos se 
pretende erijir en doctrina. 

Esta es una propaganda vergonzosa. 

No se condena a un pueblo a cambiar de servi- 
dumbre sin manchar toda la raza. 

¿Por qué se ha de negar a Cuba el derecho de ser 
libre? 

Es un egoismo cobarde y escandaloso el que dicta 
las ideas de la anexión cubana. 

Y precisamente esta propaganda sin precedentes, 
se estimula en la prensa de Méjico, la nación que 
abofeteó España en 1861 invadiéndola con los ejér- 
citos de Prim para someterla al trono del archiduque 
de Austria, el usurpador Maximiliano. 

La América republicana no debe consentir ni este 
crimen ni aquel martirio en su seno, con un pueblo 
hermano que tiene alientos jenerosos para conquis- 
tarse su propia libertad. 

V 

La revolución de independencia de Cuba, es un 
pronunciamiento perfectamente organizado y de re- 
sultados previstos. 

La independencia política de la grande Antilla será 
una gloriosa confirmación antes de un año. 

En el primer período de la guerra separatista, sin 
mas elementos que los impulsos jenerosos del patrio- 
tismo, la revolución obtuvo la emancipación de los 
esclavos negros, que reconoció el jeneral Martinez 
Campos en el pacto del Zanjón. 



— 62 — 

Diez años de luchas dieron aquel resultado honro- 
so para Cuba. 

A ese primer período de combates, sucedió una 
labor de organización del partido revolucionario. 

Esta fué la obra de José Martí y será la que ase- 
gure, de un modo definitivo, el éxito de la campaña. 
Hoi la revolución tiene como base un partido político 
constituido, con ramificaciones en trece centros po- 
pulosos de los Estados Unidos y en diez naeiones 
americanas. 

Sus clubs de organización, propaganda y recluta- 
miento se encuentran establecidos en Nueva York, 
Cayo Hueso, Tampa, Atlanta, Boston, Brooldin, Nue- 
„va Orleans, Filadelfia, Chicago, Ocala, Thomasville, 
Jacksonville, Crinesville y los centros de fraternidad 
continental se hallan esparcidos en Méjico, Costa 
Kica, Jamaica, Panamá, Lima, Santo Domingo, Ve- 
nezuela, Buenos Aires, Montevideo y Chile. 

La iniciativa del patriota cubano don Juan Manuel 
Macias en 1866, fué coronada por José Martí en Nue- 
va York con la organización del partido que hoi sa- 
cude los cimientos de la tiranía en Cuba, haciendo 
desmoronarse los viejos y carcomidos castillos feuda- 
les que sirven de prisiones a los soldados ciudadanos 
de la emancipaeion antillana. 

Esta causa tan perseguida por los déspotas y los 
espíritus contemporizadores, ha tenido que vencer 
todos los obstáculos que dificultaron la independen- 
cia americana. 

Cuando Bolívar y Sucre concibieron la idea de 
libertar a Cuba, como complemento de la revolución 
de la independencia, el ministro norte americano 
Enrique Clay se opuso a tan laudable proyecto y del 



— G3 — 

mismo modo los esclavócratas del sur de los Estados 
Unidos combatieron el nombramiento de plenipoten- 
ciarios al Congreso de Panamá de 1824. 

En 1866, cupo al ministro Seward aplicar esta po- 
lítica odiosa y depresiva de la soberanía americana. 

Delante de esta política norte americana, que el 
publicista Calvo considera que no ha sido razonable 
contra los «lejítimos esfuerzos que para conquistar 
su independencia» ha realizado Cuba, el ilustre pen- 
sador italiano José Mazzini, se espresaba con la sin- 
gular enerjía y viveza de sus ideales de redención 
humana, a semejanza de Víctor Hugo en el peñón 
de Jersey cuando Garibaldi peleaba por la unidad 
de su patria: 

«Estoi dolorosamente afectado por la actitud indi- 
ferente de los Estados Unidos hacia Cuba. El último 
acto del gran drama americano se está representando 
en aquella isla: la insurrección cubana es la conse- 
cuencia directa de vuestra guerra de emancipación. » 

Pero los Estados Unidos han olvidado, en presen- 
cia del martirio de Cuba, que la Francia les ayudó 
en su revolución de independencia. 

Por eso Mazzini les gritaba con valor: 

«No es lójico, no es bueno, ni es digno que los Es- 
tados Unidos levanten una bandera y que después 
abandonen con indiferencia a la muerte a aquellos 
que se han dicho a sí mismos: ya ha llegado la hora.» 

En armonía a este ideal político de los pensadores 
de humanidad, como dice Calvo, en su Política Ame- 
ricana, Cuba libre tuvo su representante en el Con- 
greso Americano que se reunió en Lima en 1877, en 
el delegado del Uruguay don Francisco de Paula 
Bravo. 



— 64 — 

¿Por qué la América contemporánea no ha de cum- 
plir aquellos principios reconocidos en asambleas que 
han lejislado su derecho público continental? 

Ya ha llegado la hora de la libertad para Cuba. 

Justo es proclamarla a la faz del universo confor- 
me al código republicano que rije los destinos de 
América. 

VI 

La odisea de la revolución cubana es un clamor. 

Ayes de dolor sin fin profieren todos los labios en 
esa isla maravillosa. 

Su martirio tan prolongado es un oprobio para 
América. 

La historia del lúgubre sacrificio de este pueblo 
culto y progresista, es una inmolación perpetua de 
una sociedad entera, de lejiones de ciudadanos que 
han venido a la vida en el seno de un continente 
libre, por lo que lord Palmerston esclamó cuando 
O'Donnell gobernaba a Cuba: «esa isla es el centro 
de todas las abominaciones humanas! » 

Una cadena de martirios se puede formar con sus 
fechas históricas por eslabones. 

Al proyectar Bolívar la independencia de Cuba en 
1823 la idea jenerosa de la emancipación tuvo su pri- 
mer mártir en el ilustre padre Félix "Várela, el cual 
fué enviado cautivo a los presidios de Ceuta, de donde 
se escapó para ir a morir en el destierro en Florida. 

En 1826, sucumbieron víctimas de su ideal de 
autonomía Agüero y Sánchez, los mártires que ini- 
ciaron el calendario cubano, según la espresion de 
Vicuña Mackenna. 

En 1844, glorifica el cadalso de Matanzas con los 



— 65 — 

fulgores de su jenio el dulce bardo del Yumuri Ga- 
briel de la Concepción Yaldes, inmolado por Leopol- 
do O'Donnell, el sacrificador de las costas del Pacífico 
en el conflicto con España. 

En 1851, se impuso el suplicio de la horca en la 
Habana a un joven de apellido Facciolo, por haber 
publicado una hoja con el título La Voz del Pueblo 
para recordar los planes de la espedicion de Narciso 
López. 

En 1852, tributaron su juventud y su preciosa 
sangre a su patrio suelo Estrampes y Pintó con el 
jeneroso afán de libertarlo. 

En 1853, se decretó la persecución y el destierro 
del conde de Pozos Dulces, porque se le atribuyó la 
conspiración llamada, como el afamado tabaco haba- 
nero, de la Vuelta Abajo. 

De esta época data la organización del partido se- 
paratista cubano en el destierro, donde vagaban je- 
niales proscritos como José María Heredia y patrio- 
tas como Juan Manuel Macias, el primer fundador 
de los clubs políticos de Nueva York. 

En 1868 estalló el gran pronunciamiento de Yara, 
que trajo el advenimiento de la primera República 
Cubana, que cuenta etapas como la de Grecia y Po- 
ma y que dio a su historia su heroico mártir Carlos 
Manuel Céspedes. 

A este sacudimiento nacional sucedieron todos los 
movimientos que sin cesar han exijido la soberanía 
de Cuba, en cuyos actos militares han conquistado 
prestijio los jenerales Gómez, Maceo y Quezada que 
ahora dirijen la suerte del ejército libertador. 

Esta ha sido la obra del organizador del partido 
revolucionario cubano, José Martí, apóstol y mártir 



— 66 — 

que ha sellado con su vida la redención de su patria 
en la sorpresa de Dos Rios. 

Martí ha sido el reivindicador glorioso de Cuba. 

Diez años perseveró proscrito en su noble propó- 
sito de su emancipación, de sucumbir en la demanda 
de su ideal de patriota y ha legado a su pueblo con- 
sumada su jenerosa empresa política. 

El partido revolucionario cubano es su herencia y 
será la base de la emancipación de su patria, cuya 
tierra lo guarda en su seno como anticipación de su 
justicia futura. 



<a-M£H~~H^I-&> 



«»«^-*a«)»~^K9^-*GH5-~^M3»~*a«^-^M9>-^l«» 



LA INDEPENDENCIA DE CUBA 



SU APÓSTOL Y Sü MÁRTIR 



JOSÉ MARTI 



A Eujenio María Hostos. 
I 

La estatua está esbozada. 

Su actitud épica, dirijiéndo la palabra, elocuente y 
fervorosa, a los soldados libertadores de su patria, 
en el fulgor de la batalla, es el modelo de su efijie 
gloriosa. 

Modeló, con su heroismo, su propio monumento. 

Artista y apóstol, ofrendó su preciosa vida en los 
altares del deber y del patrio suelo, a los manes de 
sus hermanos en la nacionalidad, en la actitud lejen- 
daria del héroe eterno que vence a la misma muerte 
con su soberbia grandeza de mártir. 

Revestido de esa suprema gallardía de la abnega- 
ción y del sacrificio, lo copiará mañana en el mármol 
el artista jenial que con su cincel grabará su epopeya 
memorable. 



— 68 — 

La poesía iluminará su memoria con sus resplan- 
dores en el poema de su vicia de apóstol, mientras la 
historia narra su odisea de diez años de peregrino en 
pos de la libertad de su patria cautiva. 

¡Diez años arrastró el grillete de esclavo, según su 
propia espresion de libertador! 

¿Qué vida mas bella ni mas gloriosa en los anales 
de América? 

Es una epopeya griega, dramática y soñadora, que 
encierra los amores inmensos del ideal y del ostra- 
cismo, en medio de las adversidades del dolor y del 
infortunio, jigante siempre! 

Prometeo de la idea, sacudió, sin tregua, la roca 
que lo encadenaba, en su ansiedad de arrancar al cielo 
el rayo de luz que vislumbraba su alma. 

II 

Mño, al borde del sendero de la vida social, tuvo 
por ruta el camino del ostracismo porque, con alien- 
tos de cíclope, izó, en el seno de su Isla amada, la 
bandera de la redención en la prensa. 

Eisueño, con la alegría juvenil de los 16 años, se 
dispuso al combate de la palabra y de las letras en El 
Diablo Cojuelo, que en la Habana publicó en 1869. 

Arrastrado a las cárceles, se le condujo a las forta- 
lezas peninsulares para apartarlo de su tierra nativa 
que anhelaba emancipar. 

Desde el cautiverio político dirijia a su pueblo sus 
votos y a los tiranos el apostrofe afrentoso en las 
pajinas de su folleto Los Presidios de Cuba. 

¡Olvidar la patria jamás! 

Llevaba su imájen en el fondo del pensamiento. 

Y para rendirle sus ideales, le tributaba la idolatría 



— 69 — 

del proscrito, a la vez que enviaba sus dardos acera- 
dos y matadores a sus verdugos. 

ni 

España, siendo su vijilante carcelera, era su ma- 
drastra educadora. 

Allá, en su sociabilidad monárquica y supersticiosa, 
tuvo su escuela. 

En sus lojias secretas se hizo propagandista. 

El tribuno se inició en los ejercicios de la elocuen- 
cia, que debia ser mas tarde su fuerza irresistible 
ante la opinión. 

Conquistando las borlas de doctor en derecho, en 
la Universidad de Zaragoza, se formó, por sí mismo, 
el jurista que necesitaba su causa para erijirse en lei 
política y patriótica. 

La predestinación alumbraba su frente con los 
destellos de su misión augusta y providencial. 

De la cadena que habia marcado su pié en los pre- 
sidios de España, se habia hecho forjar un anillo ne- 
gro que llevaba en su mano vengadora. 

Ese anillo, que era un juramento y una protesta, 
era también una acusación contra la tiranía de su 
suelo nativo. 

IV 

Peregrinó por Méjico y Guatemala, hasta 1879, 
persiguiendo su misión, sembrando sus ideas en el 
periodismo, ese campo fértil que fructifica, con loza- 
nia sin fin, con vigor perdurable, los jenerosos pen- 
samientos y los principios eternos. 

La Revista Universal fué su oriflama de prensa para 



__ 70 — 

inscribir en él su credo de peregrino de la libertad. 

Al cal);) de estos primeros diez años (1869-1879), 
jornada que parece haber sido la tradición de su vida, 
regresó a la Habana. 

Los celajes de su cielo se arrebolaron en su rostro, 
así como se reflejaban en su mente el májico recuer- 
do del destierro, cual si fuese un rayo de luz de leja- 
na gloria. 

Aquella tierra que llenó de ilusión el alma del 
proscrito, evocada como visión prodijiosa en las no- 
ches melancólicas del ostracismo, se desvaneció bien 
pronto ante sus ojos. 

El despotismo lo arrojó mui luego de su seno, 
por el terror que le inspiraba su prestijio de caudillo. 

El misterioso poder del jénio y de la popularidad 
que rodeaba al joven apóstol de la libertad, infundia 
pavor a la tiranía. 

El penoso suplicio de la persecución que se pro- 
longaba demasiado con los azares del ostracismo, era, 
sin embargo, una esperanza para su causa que inspi- 
raba amor a su pueblo y recelos a sus opresores. 

Conducido prisionero otra vez a España, se fugó 
para volver a América a continuar su propaganda de 
proscrito. 



Al tornar al destierro Martí se dirijió a Nueva 
York. 

Fué a pedirle alientos para su esperanza de pros- 
crito a ese pueblo libre que habia sido el refujio de 
todos los perseguidos, como Alejandro Iíertzen, Tíos- 



— 7.1 — 

south, ¿Fosé Mazzini y José Miguel Carrera, el pa- 
triota caudillo de la independencia de Chile: 

Allí inició ¡su labor de organización del partido re- 
volucionario cubano que lia servido de base al movi- 
miento emancipador que a estas horas riega con san- 
gre de patriotas la tierra sembrada de mártires de la 
grande Antilla. 

Para realizar esta obra política, a la que no logró 
dar cima en 1866 Juan Manuel Macias, Martí nece- 
sitó de todos sus jenerosos sentimientos de proscrito 
y de patriota, pues no siempre fueron apreciados con 
criterio justiciero sus propósitos y sus actos de per- 
severante nacionalismo. 

En medio de los azares de la adversidad, teniendo 
que luchar con los obstáculos que oponen las dificul- 
tades del destierro a las empresas atrevidas y de re- 
sultados inciertos, Martí no se arredró jamas ni ante 
el infortunio ni ante las impaciencias de sus compa- 
triotas que ansiaban por acortar las noches del ostra- 
cismo y ver rotas las cadenas de la esclavitud de su 
idolatrada isla. 

Diez años consagró sus afanes y sus desvelos a 
esta ardua tarea política. 

A la vez que levantaba el espíritu de su raza con 
el ardor comunicativo de su palabra, reunia en un 
anhelo de común solidaridad a los proscritos, dán- 
doles por hogar el partido constituido para incubar 
la revolución de la independencia. 

Diez años batalló en el destierro por dotar a los 
proscritos de un poderoso elemento de unión que les 
hiciese entrever la aurora del rescate de la patria 
ausente. 

Su incesante trabajo fué el partido. 



— 72 — 

Su glorioso ideal la libertad. 

Su preocupación de todas las horas, la propaganda. 

La prensa era su tribuna de escritor. 

El club era su tribuna de político. 

La tribuna era su campo de acción de caudillo, de 
apóstol y de orador. 

El verbo de la fé en la libertad, de la grandeza de 
la inspiración, de la enerjía de la elocuencia, del he- 
roísmo del ajitador, del entusiasmo del patriota pal- 
pitaba en su palabra de tribuno. 

Su isla prodijiosa, con sus palmares orgullosos, sus 
florestas orientales, sus brios nativos de raza ameri- 
cana, se reproducia en los resplandores de su elo- 
cuencia soberana como en el cristal de un espejo 
iluminado por los rayos del sol. 

Diez años guardó su secreto en el fondo de su 
alma. 

Y solo lo reveló al mundo, cuando dio el grito de 
libertad a sus compatriotas, guiándolos a los comba- 
tes para asegurar a Cuba su independencia de na- 
ción. 

Su odisea de proscrito y de propagandista semeja 
la leyenda de un poeta, la epopeya de un sonador, el 
ideal de un jenio estraordinario que forja un imposi- 
ble en su ilusión. 

VI 

Euben Dario, que le escuchó en los salones de la 
Sociedad Literaria Americana de Nueva York, dice 
que cuando comenzaba a hablar Martí en la tribuna 
su palabra era lenta, reposada, reflexiva, como si el 
pensamiento hubiese tardado en darle vida. 



— 73 — 

Su palabra se sentía como abrumada por las tris- 
tezas del destierro y cobraba brios y tornasoles de 
viveza al calor de la inspiración que se desenvolvía, 
como mariposa que dilata sus alas, al efluvio miste- 
N rioso del recuerdo de la patria lejana y oprimida. 

En un retrato que exhibe Las Tres Amérióas, se 
muestra así Martí, melancólico, soñador, reconcentra- 
do en su pensamiento, como vislumbrando el porve- 
nir lejano y misterioso. 

Poeta, era sencillo en sus cantos, porque su inspi- 
ración no tenia otra fuente de ternura que su ideal 
de humanidad. 

Escritor, era siempre artista en la forma con que 
revestía sus ideas, porque amaba la belleza y la vir- 
tud como talismanes de inspiración infinita. 

Patria, el periódico que fundó en Nueva York para 
alentar el civismo de los emigrados de su suelo, no 
es el clarín de combate, sino el clamor de su anhelo, 
la vibración de su esperanza. 

Allí el periodista no discute, no raciocina, no con- 
vence; sino que trasmite en sus escritos su fé en el 
porvenir al recordar el pasado. 

Parece arrancar fuerzas de la derrota para reavi- 
var la persuacion en una futura victoria. 

Su pluma se torna en una lira de tiernos y melo- 
diosos acordes que estremecen de emoción las al- 
mas. 

Son armonías de lágrimas las que se desprenden 
de sus cuerdas temblorosas. 

Así ha debido ser su palabra de tribuno: un sollo- 
zo en vez de un himno. 

Era que su dolor ele proscrito se agolpaba a su 



— 74 — 

pluma y a su lengua como un torrente de amargura 
sin fin. 

Aquel espíritu vigoroso tenia ternezas de niño, 
porque era todo sentimiento y abnegación. 

Sufría por su patria y por la esclavitud de sus 
compatriotas. 

Su martirio está diciendo a gritos su amor a su 
tierra natal. 

VII 

Acaso lo juzgo mal de este modo. 

Empero lo creo así mas grande que si hubiera si- 
do un terrible demoledor. 

Cuando he recorrido sus discursos me he maravi- 
llado de su imajinacion, de la viveza de su lenguaje, 
de la oríjinalidad de sus imájenes y de la opulencia 
de su inspiración. 

Lo mismo lo he admirado en sus artículos de dia- 
rios, tan llenos de sonoridad musical como ricos en 
novedad de espresion y de rareza de pensamiento. 

Era el prosista mas orijinal y pintoresco del con- 
tinente. 

No tiene la literatura americana un estilista mas 
atrevido ni mas espléndido en sus encantos de forma 
y en la manera caprichosa de concebir y presentar 
los temas que desenvuelve. 

Podría repetirse la figura oriental del príncipe di- 
sipador de perlas. 

Cada uno de sus escritos es una cascada de pe- 
drerías. 

No conozco artículo que se le parezca al suyo titu- 



— 75' — 

lado El Poeta Walt Whitman, en el que traza la si- 
lueta del cantor norte americano de la naturaleza de 
su pais, del autor del libro Hojas de Yerbas. 

Martí encuentra en su paleta tonos que rara vez 
descubre su pluma. 

Talvez ese boceto, que leí en La Nación de Bue- 
nos Aires, le recordaba la naturaleza de su tierra o 
de su gloriosa patria americana^ 

En esas pajinas escribia: «la libertad es la relijion 
definitiva y la poesia de la libertad el culto nuevo. » 

Su culto eran los héroes. 

Adoraba a los libertadores. 

Una pajina luminosa suya es la que consagró a los 
fundadores de la independencia americana: Bolívar, 
San Martin y O'Higgins. 

Era un admirador de Washington y de Juárez, 
esos dos cíclopes de la lucha por la libertad de los 
pueblos del Nuevo Mundo. 

En las letras no le conocí maestros. 

Posible es que los tuviera. 

Mas, su literatura no tiene filiación: su cuna era 
la libre América. 

El panorama de su inspiración era la floresta in- 
mensa y jamas superada del hemisferio, cuyo sol ca- 
lentaba su frente de prodijiosa grandeza. 

Yo lo admiré por su jenio y por su amor a la li- 
bertad. 

Como artista, le rendí tributo de gloria en un li- 
bro que recorre la América. 

Ahora, que su nombre es símbolo de martirio, 
ofrendo mis sufrajios a su memoria con la veneración 
del creyente que se postra ante el ara del altar y ele- 
va el alma a Dios.' 



— 76 — 

Para mi fé de cultura, la patria y los apóstoles de 
libertad son los ídolos de la gloria y de la justicia 
como del arte. 



LIBERTAD ESCRITA 



^®»~«GH^- t <M>»^»f^^í^GH^^^-«GM9>--«G 






LOS ANATEMAS RELIJIOSOS 
EN AMÉRICA 



UN EDICTO ECLESIÁSTICO (*) 



AUTO DE FE POPULAE EN COPIAPÓ EL 22 DE DICIEM- 
BRE DE 1853 



Al Señor Rafael Sanlmeza Lizardi. 

I 

Los obispos de América imitando al obispo de 
Eoma, como llamó Lutero al Papa, han pretendido, 
en diversos períodos históricos, resucitar en estos 
paises libres las persecuciones relijiosas como en las 
épocas tenebrosas y sangrientas cíe las Cruzadas y 
de la Inquisición. 



; (*) Este artículo fué escrito con motivo de la escomu- 
nion mayor que el Arzobispo de Santiago lanzó el 3 de 
Agosto contra el diario La Lei y el periódico popular de 
caricaturas El Pondo Püatos. El 15 de Agosto se insertó 
en La Lei y el domingo 18, la juventud y el pueblo, reu- 
nidos en comicio público, quemaron el edicto arzobispal 
frente a las puertas del Palacio episcopal. 



— 80 — . 

No pudiendo, por el desarrollo de la cultura en la 
sociedad, ejercer el dominio absoluto de las concien- 
cias, han empleado, como recurso de efecto, el terror 
místico de las supersticiones para reemplazar la au- 
sencia de los suplicios inquisitoriales. 

El anatema católico, que es una tortura moral para 
los espíritus timoratos, ha sido un j enero de perse- 
cución relijiosa que los prelados han puesto en ejer- 
cicio para hacer víctimas del fanatismo a sus adver- 
sarios. 

El fanatismo relijioso de Menendez de Avila per- 
petró la horrenda hecatombe ele hugonotes franceses 
en la colonia de los Delfines al constituirse los prime- 
ros pueblos que fundaron la gloriosa Kepública Norte 
Americana. 

La obsecacion de la fé ha dado oríjen a los mayo- 
res crímenes en nuestro continente. 

Esta irascible fiebre mística ha sido constantemente 
exitada por los prelados que han tenido bajo su in- 
fluencia apostólica, la dirección espiritual de los cul- 
tos y de los pueblos. 

Bástenos recordar las encíclicas de los Papas 
Pió YII y León XII contra la independencia de Amé- 
rica, santificando la esclavitud, espedida la primera 
el 30 de Enero de 1816 y la última el 24 de Setiem- 
bre de 1824. 

El mismo Papa León XII envió su bendición 
apostólica a Fernando VII, felicitáudolo por la re- 
conquista y por la rastauracion de los jesuítas en 
Chile, en una carta que se insertó en La Gaceta del' 
Reí 

Cuando se produjo el debate histórico de la sepa- 
ración de la Iglesia y del Estado en 1874, el diputado 



— 81 — 

por Talca don Miguel Luis Amunátegui, espuso estos 
antecedentes pontificios en la sesión del 13 de Octu- 
bre de la Cámara de Diputados. 

La prensa sacerdotal calificó de apócrifos aquellos 
documentos y el señor Amunátegui los comprobó, con 
abundancia de testimonios, en memorables artículos 
de El Ferrocarril . 

~No tardó el anatema católico en caer como un rayo 
de ira celeste sobre los representantes del pueblo que 
profesaban los principios de aquella reforma consti- 
tucional. 

II 

Después de la emancipación americana, las tenta- 
tivas de los prelados para devolver al dominio de 
España algunas de estas nacionalidades, han puesto 
en evidencia las tendencias del catolicismo a los pri- 
vilegios monárquicos. 

Ahí están en nuestros anales políticos, como acu- 
saciones afrentosas para los prelados de la iglesia 
romana, las comprobaciones de la traición del obispo 
José Antonio Rodríguez Zorrilla, a quien hubo de 
espulsar del pais en 1824 el Jefe del Estado don José 
Miguel Infante, que subrogaba al jeneral Freiré a la 
sazón al frente de la campaña de Chiloé. 

La conjuración de Flores para entregar al predo- 
minio dé España la confederación de Colombia en 
1847, tuvo su principal apoyo en el clero del Ecuador. 

La invasión de Méjico por el archiduque de Aus- 
tria Maximiliano, en 1862, que arrancó a Francisco 
Bilbao el épico grito de La América en Peligro, en el 
ostracismo del Plata, fué protejida por el obispo La- 
bastidas, el cual, arrepentido mas tarde por el peso 



— 82 — 

de su abrumadora culpa, intentó vindicarse para te- 
ner una patria y una iglesia que el mundo entero le 
negaba. 

III 

La crónica misma de la Iglesia de Boma es una 
cadena de crímenes de los prelados. 

Un hecho, entre millares del mismo carácter, es 
suficiente para justificar esta cita histórica. 

El Papa Celestino Y después de haber sido cazado 
como fiera en los campos fronterizos de la Dalmacia, 
fué victimado en una implacable prisión del Vatica- 
no, por Bonifacio VIII, por el delito de no aceptar 
la tiara con su cortejo de vicios y de crímenes ecle- 
siásticos. 

Emilio Castelar, que acaba de ocupar el puesto 
vacante de César Cantú en la Academia de Ciencias 
Políticas de París, define en esta forma la suerte de 
aquel desventurado Papa que tuvo el destino de Gior- 
dano Bruno, el martirio, por haber proclamado sus 
doctrinas de redención humana: 

«Celestino V que solo tenia una pasión, la pasión 
de su libertad individual, y que solo deseaba el retiro 
y el apartamiento, encontró hábiles trazas de romper 
su prisión y de huirse hacia la montaña. No se can- 
saba, como el ave que recobra su libertad, de respirar 
el aire libre, de recorrer la soledad inmensa, de de- 
partir con los objetos animados e inanimados que en 
otros dias mejores acompañaron sus maceraciones y 
sus plegarias; pero el Papa Eei no podía perdonarle, 
en manera alguna, la antigua autoridad, ni descono- 
cerle como temible rival a la tiara. Mandóle una tur- 
ba de cazadores que le siguieron, le asediaron y con- 



— 83 — 

cluyeron por cazarle. Ya había bajado del monte, 
corrido a la playa, puéstose en cobro, alcanzado una 
barca que le condujese a Dalmacia, cuando le echaron 
mano y lo recluyeron en estrecho calabozo donde 
murió víctima de su propia humildad y de su irremi- 
sible grandeza.» 

¿Qué piedad podrán merecerles los que no revisten 
autoridad católica y preconizan ideas adversas a su 
fé de mistificación relijiosa? 

El SyUabus, que es su código de lejislacion roma- 
na, no encierra una frase de humanidad en sus ca- 
pítulos. 

Su moral es la condenación eterna. 

La razón es un delito 

El jenio es una maldición. 

La rehabilitación consiste en la fé ciega a la auto- 
ridad católica. 

Aquella cartilla de justicia eclesiástica es una pira 
en la que se reduce a cenizas, como en las antiguas 
hogueras, cuanto el alma y el pensamiento producen 
de luminoso: el libro; la elocuencia escrita; el ideal 
encarnado en un dogma de verdad y de soberanía; la 
fé en el progreso y en la divina gracia. 

Es un tribunal feroz. 

IV 

En nuestro propio pais la historia no es menos 
dolorosa. 

La colonia fué la época de su ominoso reinado. 

Disponían de mas estensa i mayor autoridad que el 
monarca español. La sumisión se hacia, como en las 
cruzadas, con la espada en vez de la palabra i de la 
doctrina. 



— 84 — 

El territorio, de un estremo a otro, era un claus- 
tro y sus habitantes, los siervos de su propiedad. 

El tráfico de las tierras era su única misión. 

Mas, un dia Carlos III los arrojó de sus dominios 
y este rebaño oprimido respiró hasta hacerse libre. 

Hoi la propaganda eclesiástica lamenta este cam- 
bio de costumbres patrias. Pero el patriarcado reli- 
jioso era una servidumbre que el mismo fanatismo 
católico rechazarla en nuestros tiempos por el opro- 
bio que tendría para la dignidad de la familia y de 
la sociedad. 

Es hermosa y risueña la vida de la civilización y 
de la libertad. La actitud heroica de frai Camilo Hen- 
riquez, es una gloria que todo el clero del Universo 
quisiera merecer. 

Únicamente los recalcitrantes ministros de los al- 
tares no han querido aceptar ni reconocer. 

El abate Lamennais de nuestro pais, el prebenda- 
do Taforó, fué el piadoso mártir elejido para saciar 
la iras y los rencores del fanatismo, porque predica- 
ba la verdadera doctrina cristiana. 

El prelado modelo de la Iglesia chilena fué el 
obispo Vicuña, cuyas virtudes ejemplares son lejen- 
darias en la epopeya del cristianismo de nuestra pa- 
tria. Sus pastorales eran pajinas de mansedumbre 
inimitable, como de inspiración relijiosa de la mas 
elevada pureza y concepción dogmática. 

Sus sucesores no han seguido su ejemplo. 

Batalladores impenitentes, irreconciliables enemi- 
gos del progreso, han procurado hacer esclusivo su 
culto y no respetar el libre albedrio de las demás. 

Eecórranse los folletos militantes de Valdivieso, 
de Gandarillas, de Salas, de Casanova i solo se en- 



— 85 — 

contrará en ellos el ardor del polemista y nunca el 
fervor de la fé ni de la moral relijiosa. 

En cuestiones de principios, han castigado con el 
anatema público al adversario que ha discutido sus 
errores y sus lucubraciones místicas. 

A Francisco Bilbao se le condenó en un jurado, 
arrebatándole la patria después de hacer quemar 
por mano del verdugo, en la plaza pública, su glorio- 
sa obra de reforma social. 

Inspirándose en el evanjelio anatematizaron a los 
legisladores que establecieron las instituciones de 
derecho civil y común. 

I después de cerca de un siglo de vida republica- 
na aun se ejercita el anatema relijioso contra el de- 
sarrollo de las letras, contra las conquistas de la ra- 
zón, contra el ensanchamiento de la cultura nacional. 

Se maldice la misma prensa que les sirve de tribu- 
na para su preconización católica. 

V 

La persecución relijiosa ha tomado todas estas 
formas en nuestro pais. 

A este pais, a donde vino un dia proscrito del 
Ecuador el presbítero Chiriboga a publicar su libro 
La Luz del Pueblo, le ha correspondido el lote de los 
obispos mas batalladores. 

El Obispo de la Serena, el sabio y bondadoso don 
José Manuel Orrego, fué una víctima propiciatoria 
de su celo místico, como Taforó, por haber dirijido 
una pastoral a sus feligreses recomendando el cum- 
plimiento de las leyes de matrimonio y rejistro civil. 

A este manso prelado, tan ilustre como virtuoso, 
le correspondió su parte de injusticia y de amargura 



— 86 — 

en el calvario que su iglesia romana tiene escojitado 
para los que no se humillan a su autoridad indiscu- 
tible e irrecusable. 

Del mismo modo pretendió un día el Arzobispo 
don Ramón Valentín Yaldivieso someter a su auto- 
ridad infalible a todo el pais, obteniendo la mas jus- 
ta y elevada protesta de un pueblo que ha sido la cu- 
na de las ideas de reforma en nuestra patria. 

Este suceso histórico, mui poco conocido entre no- 
sotros, revela cuan levantado es el espíritu de nuestra 
raza, siempre que se trata de la salvación de la hon- 
ra y de la cultura nacional. 

VI 

A fines de 1853 el Arzobispo Valdivieso, al em- 
prender una visita a sus diócesis, espidió un edicto 
o pastoral a los fieles de la iglesia, conminándolos 
con penas discrecionales, a denunciar a los herejes y 
escomulgados que hubiesen en las parroquias. 

Esta incalificable recomendación del espionaje re- 
lijioso, contraviniendo las leyes penales vijentes, 
decia, en uno de sus considerandos de fé: 

«A todos umversalmente ordenamos, bajo pena a 
nuestro arbitrio, a mas de las que dispone el derecho, 
que hagan ante Nos o ante nuestros con visitados, la 
denuncia de los que por hecho o palabras sean sos- 
pechosos de herejía, escomulgados o que de alguna 
manera perviertan las costumbres: exhortando y ro- 
gando en el Señor a todo aquel que tuviese que co- 
municarnos cualquier asunto, se desnude de toda pa- 
sión y mire en lo que hace únicamente a la gloria 
del Señor.» 

Tan inaudito documento causó profundn emoción 



— 87 — 

en la sociedad, porque venia a poner en peligro la 
paz de las familias al autorizar, como medida de fé, 
el espionaje doméstico y la delación pública. 

La revolución relijiosa iniciaba en nuestro pais las 
persecuciones de la fé como síntoma precursor de la 
guerra civil que debia anegar en sangre poco tiempo 
mas tarde nuestro territorio. 

El audaz desafío a la conciencia pública emanci- 
pada, lanzado, con mano temeraria, por el Jefe de la 
Iglesia, fué en el acto contestado por la prensa inde- 
pendiente. 

Distinguióse en esta activa campaña de cultura, 
que sustentaba los fueros de la razón, El Copia/pino 
de la capital de Atacáma, redactado por el viejo dia- 
rista liberal don José Meólas Mujica. 

En una serie de artículos editoriales El Copiapino 
analizó el edicto arzobispal, condenándolo ante la 
conciencia ilustrada y conforme a las leyes estableci- 
da^, porqué vulneraba nuestro derecho público y 
desconocía la autoridad superior del Estado. 

Aparte de las consideraciones de moralidad social, 
el edicto arzobispal atentaba coutra la soberanía de 
las creencias y la inviolabilidad del hogar. 

Hé aquí como lo juzgaba El Copiapino: 

«¿Qué pretende el Arzobispo? se preguntaba. 

Añadiendo: 

¿Hai moralidad, hai relijion, se mira por la gloria 
del Señor, cuando se aconseja, se manda y se conmina 
que el hombre sea el delator del hombre, el hermano 
del hermano, el hijo del padre, la mujer del esposo? 
porque esto es lo que significa eso de que se desnude 
de toda pasión y mire lo que liare únicamente a la gloria 
del Señor. 



— 88 — 

«Palabras bárbaras son estas que jamas hubiéra- 
mos pensado encontrar en un edicto de la primera 
autoridad eclesiástica y a plena luz del siglo XIX. 

«Pasando de la inmoralidad de los medios a la in- 
moralidad del fin que se propone, cuál es este? 

«Perseguir a los herejes y a los escomulgados? Cas- 
tigarlos? Separarlos del trato de la jente? Quitarles 
el agua y el fuego? No creemos existe en Chile una 
hoguera donde quemarlos!! 

«Hasta qué punto puede arrastrar el fanatismo aun 
a los espíritus mas virtuosos! 

«El Arzobispo sabe mui bien que el pueblo igno- 
rante llama herejes y escomulgados a todos los que no 
hablan el español y es a él a quien confía la califica- 
ción de los* herejes y de los escomía [gados: su edicto es 
un ataque directo e impío contra todos los extranjeros 
residentes en Chile, es una provocación que ojalá no 
produzca las funestas consecuencias a que da lugar. 

«Puede el Arzobispo de Santiago, lo preguntamos 
a la autoridad civil, disponer a su arbitrio de la re- 
putación, del honor por medio de la delación que no 
no solo autoriza sino que manda como un deber reli- 
jioso y en virtud de penas discrecionales? No se com- 
promete con el edicto el honor y la tranquilidad de 
muchas familias? 

«No confesarse todos los años, ni oir misa los do- 
mingos y dias festivos, comer carne los viernes, son 
actos heréticos para el pueblo ignorante i le ordenáis 
que os delaten a todos los que no se confiesen todos 
los años, no oyen misa siempre y comen carne los 
viernes? 

«Por otra parte, la Constitución del Estado pro- 
hibe solo el culto público de las otras relijiones., pero 



— 89 — 

no el privado, no el de la familia, que el edicto ataca 
mandando que se le delaten los liedlos y palabras que 
revelan herejía; de modo que no solo se hiere a la 
moral pública, la dignidad humana, las conveniencias 
sociales, sino hasta se viola y pisotea la Carta Fun- 
damento, al que concede en privado la facultad de 
adorar a Dios como le parezca mas conveniente a 
cada uno. Solo la Inquisición, la sagrada hoguera ha 
tenido un poder como el que pretende arrogarse el 
E. Arzobispo, desapercibiendo la época en que vi- 
vimos, las leyes que nos rijen y el poder incontras- 
table de la civilización.» 

VII 

La resuelta y franca discusión que El Copiar/ino 
planteó de la pastoral, produjo un movimiento uná- 
nime de opinión en la culta sociedad atacameña. 

Aquel pueblo libre que ha dado la iniciativa siem- 
pre en todos los casos en que ha sido preciso sacrifi- 
carse por la patria y la libertad, promovió un comicio 
público para protestar del atentado contra la moral 
social del edicto eclesiástico que atropellaba todas las 
creencias. 

El-25 de Diciembre de 1853, se reunió el pueblo 
en asamblea pública en la Estación del Ferrocarril y 
en medio de la mas levantada protesta de los tri- 
bunos populares redujo a cenizas un ejemplar de la 
pastoral católica en señal de reprobación social de 
ese documento qué amenguaba el estado de nuestra 
civilización. 

El Copiapino hacia en estos términos la resena de 
aquel solemne acto de cultura popular: 

«El dia 25 de Diciembre formará época en los fas- 



— 90 — 

tos de Chile. El pueblo de Copiapó ha dado una 
prueba mas de su sensatez y de su firme adhesión a 
los principios de progreso. 

«Como a las seis de la tarde un inmenso jentío des- 
filaba por las calles que conducen a la Estación del 
Ferrocarril, con el objeto de protestar solemnemente 
contra ese retrógrado edicto, parto lejítimo del círcu- 
lo jesuítico de Santiago. 

«Los artesanos, los comerciantes, los letrados, los 
mineros, las señoras a caballo y en carruaje, lo mas 
escojido de nuestra población, en masa se presentó 
en la Estación del Ferrocarril en número de mas de 
4,000 personas. 

«Los señores del monopolio espiritual y no espiri- 
tual, habian cerrado herméticamente todas las puer- 
tas que conducen a la estación. El señor comandante 
de policía comunicó las órdenes del jefe de la pro- 
vincia, suplicando urbanamente a las personas mas 
visibles a que se dispersasen. 

«El pueblo no quiso entrar en inútiles cuestiones 
de legalidad; prescindiendo de si tenia el señor in- 
tendente derecho de impedir semejante reunión y en 
tales circunstancias, quiso dar un solemne mentís a 
los rumores de anarquía publicados por algunos mal 
intencionados. Acató las órdenes superiores, y dando 
una simple conversión a la derecha, dio vuelta a toda 
la parte privilejiada, y a su entrada septentrional, 
sobre los rieles del ferrocarril quemó el famoso edicto! 

«Dos épocas gloriosas ha tenido Chile: la de nues- 
tra emancipación política verificada el año 10, en que 
por la razón o la fuerza se elevó al rango de nación 
libre e independiente, i el 25 de Diciembre de 1853 
en que el pueblo en masa protestó contra los princi- 



— 91 — . 

píos de espionaje elevados a máximas relijiosas. En 
este dia ha proclamado altamente sn emancipación de 
toda influencia jesuítica, de todo principio retrógrado 
l ha presentado al Gobierno su apoyo moral i patrió- 
tico para marchar resueltamente por el camino de la 
reforma i del progreso. 

«El pueblo atacameno ha proclamado altamente: 
nada de anarquía; nada de revoluciones; orden, pero 
progreso, reforma. Toca a nuestros hombres de Estado, 
aprovecharse de las felices disposiciones del pueblo.» 

VIII 

Es así, con manifestaciones elocuentes de altivez 
pública, como se corrijen los atentados contra la so- 
beranía de los ciudadanos i de los pueblos. Por for- 
tuna, el progreso alcanzado por el pais nos pone, 
como nación civilizada, a cubierto de las asechanzas 
perturbadoras del fanatismo relijioso. 

Sin embargo, nuestra juventud "debe aleccionarse 
en los principios de la libertad racional para que no 
se difunda el error en las muchedumbres. 

La seguridad del derecho descansa en la autoridad 
de la soberanía. 

El progreso de los principios de cultura debe tener 
por base la libertad. 

Para que no se vulneren estos fundamentos de 
nuestra civilización, se debe ensanchar el conocimien- 
to de la verdad en todas las esferas sociales. 



*Íft*-r*fíK* 



-^K^-^GK^-^»*)»— *eK3*-^^f3»--*(Sf5)»--^GIf3»--*e*©»--'»«)«--^»Í!)> 



LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO 
EN EL PERÚ 



UNA ESCOMUNION EN LlMA EN 1890 



Se sabe que el Perú fué el asiento de la Inquisición 
en América. 

Las crónicas publicadas de este tribunal del Smito 
Oficio por Eicardo Palma y nuestro historiador Me- 
dina, relatan las crueldades cometidas por el fana- 
tismo relijioso en aquella sección privilejiada del 
continente. 

Aun se conservan como curiosidades del pasado, 
cual recuerdos de la barbarie de tiempos nefandos, 
los instrumentos de martirio que la fé católica em- 
pleaba para redimir a los pecadores que no conocían 
la doctrina cristiana en cuyo nombre se les inmo- 
laba. 

Cerca de la Plaza de Acbo se alza cubierta del 
oprobio de los anos, la pira donde se quemaba a los 
penitentes negros que condenaba el tribunal secreto, 
instituido por el rei de España y el Papa de Roma 
para civilizar con el fuego sagrado a los pueblos ame- 
ricanos. 

En la Plaza de la Inquisición, donde se erije so- 
berbia y gloriosa la estatua ecuestre del libertador 



— 93 — 

Bolívar, se encuentra, con sus muros pintarrajeados 
de arreboles oscuros, el templo del Santo Oficio. 

¡Ironía de los siglos! 

Allí, en las celdas que ocultan los instrumentos de 
suplicio de la Inquisición, visitamos en 1879, los ta- 
lleres de la imprenta del diario La Tribuna, en cuyas 
columnas sostenia los fueros de Chile el viejo dia- 
rista don Rafael Vial. 

La prensa que la Inquisición anatematizara, se 
multiplicaba, merced al prodijio de Gutenberg, en 
los propios antros de destrucción humana del fana- 
tismo relijioso en el período de la América libre, con- 
jurando, en momentos solemnes, los peligros de la 
guerra que debia encender con sus rojos tintes bien 
pronto las aguas del Pacífico. 

Aquel templo, que en sus prisiones misteriosas 
secuestró en 1854 a Francisco Bilbao, proscrito de su 
patria por el clero batallador, fué testigo, en la época 
de los Virreyes, de un acto heroico de un patriota 
guerrero chileno. 

El coronel de artillería don José Antonio Garre- 
ton, filé acusado de herejía, por haber dicho que Je- 
sús habia sido un filósofo y no un Dios, ante el terri- 
ble tribunal de la Inquisición. 

El precursor americano del abate Renán, fué cita- 
do al tribunal del Santo Oficio, al cual compareció al 
frente del cuerpo militar de que era jefe querido y 
respetado. 

Hizo poner en línea de batalla a su rejimiento, con 
las bocas de los cañones en dirección al siniestro edi- 
ficio y los lanza fuego de los cabos cañones encendi- 
dos, prontos a cubrir de metralla el blanco sangriento 
de la Inquisición. 



— 94 — 

Al penetrar en el recinto del tribunal, mandó a 
sus tropas que si no estaba de vuelta en las filas a la 
hora de su separación, hicieran fuego sobre el edifi- 
cio que le iba a servir de cárcel. 

En presencia de los encapuchados jueces, sostuvo 
que no habia ninguna irreverencia en calificar como 
lo hacia al rei de los judíos que habia sido ajusticiado 
en un afrentoso patíbulo por haber violado las leyes 
del mundo pagano. 

Los jueces lo trataron con la mayor severidad y 
le conminaron a reconocerse reo del tribunal de lafé. 

A lo que el altivo militar replicó, con el reloj en 
la mano: 

— Si en breves minutos mas yo no estoi en mi re- 
jimiento, éste hará fuego con su artillería sobre este 
edificio. 

Los jueces se levantaron de sus asientos como im- 
pelidos por un resorte poderoso y pusieron en liber- 
tad al valeroso soldado que acababa de darles una 
ejemplar lección, demostrándoles que no siempre la 
fuerza es el auxiliar de los tiranos y que también 
suele serlo de la razón. 



La capital del Eimac, la encantadora Lima, apesar 
de haber sido el centro de la Inquisición en América, 
no ha conservado las preocupaciones relijiosas ni el 
fanatismo de sus edades de atraso y de predominio 
católico en su sociabilidad. 

En todas sus esferas públicas se han difundido las 
ideas de cultura moderna con los refinamientos del 
arte y del progreso múltiple de nuestra civilización 
republicana. 



— 95 — 

La libertad de pensamiento, esta preciosa conquis- 
ta del siglo, ha alcanzado en el Perú, — en Lima so- 
bretodo, — el mas alto grado de adelanto en las letras 
y en las costumbres, como asimismo en el desenvol- 
vimiento político y en las instituciones. La literatura 
es tan revolucionaria que una revista, El Perú Ilus- 
trado, ha proclamado el socialismo literario como 
programa de sus tendencias nacionales de cultura. 

La eminente novelista doña Mercedes Cabello de 
Carbonera, la mas fecunda y esclarecida de la Amé- 
rica por su jenialidad intelectual y por sus obras, ha 
publicado en su patria las mas atrevidas y eruditas 
producciones críticas de las relijiones místicas, ca- 
racterizándose, en su rol de mujer superior, como 
sacerdotiza de los nuevos dogmas de doctrina de la 
filosofía contemporánea. 

La escuela esperimental y positiva; el realismo en 
el arte y las formas literarias; la innovación socioló- 
gica por la esquisita interpretación de la verdad mo- 
ral y de las costumbres, constituyen los principios 
de su credo de novelista y de pensadora emancipada 
de las preocupaciones de su sexo i de su educación. 

Sus nobles libros La Belijion de la Humanidad, La 
Novela Moderna y El Conde León Tolstói, forman el 
mas gallardo florón de la cultura peruana y de la 
corona de gloria de la eminente escritora reformista 
que esparce en sus libros los ideales de universalidad 
y cosmopolitismo de las letras contemporáneas en el 
hemisferio. 

Easgos históricos como este comprueban que la 
sociedad limeña no reacciona hacia el pasado colonial, 
como lo" han pretendido sus prelados. 

Por el contrario, cuando el espíritu de secta se ha 



— 96 — 

querido rebelar contra las manifestaciones del pro- 
greso de su jeneracion actual, la sociedad entera se 
ha levantado para protestar de las restauraciones de 
otros tiempos de retroceso y de tiranía relijiosa. 

En 1886 se produjo un movimiento de opinión 
provocado por un acto de fanatismo de los jesuítas) 

Habiendo el padre de la Orden de Loyola, Eicardo 
Cappa, tratado con irreverencia, en un libro de his- 
toria peruana, la revolución de la independencia, la 
sociedad limeña se convulsionó protestando de este 
inaudito atentado contra nuestras nacionalidades e 
instituciones libres. 

Eicardo Palma publicó un folleto de refutación 
del tratado de historia romana y la juventud se pre- 
sentó al Congreso pidiendo la espulsion de los jesui- 
tas del Perú. 

Esta actitud patriótica y levantada del pueblo pe- 
ruano, fué acatada por el gobierno del jeneral Cáce- 
res, el cual decretó el destierro perpetuo de los je- 
suítas de aquella Eepiíblica. 

Asociaciones de principios liberales tan uniformes 
han sido exhibidas en estos tiempos en América, con 
la enerjía del Perú en 1886, en Guatemala en 1894 
y en el Ecuador en estos mismos instantes (1895) 
con la proclamación del gobierno republicano del 
jeneral don. Eloi Alfaro. 

II 

Siendo la intelijencia el poder moral mas decisivo 
del progreso social, por la acción irresistible del pen- 
samiento y de la prensa, los caudillos del retroceso 
fijan sus especulaciones en su persecución constante 
para detener ]a marcha de la civilización. 



— 97 — 

Las letras, que en su carro de pedrerías luminosas 
van esparciendo los encantos del arte y de la cultura, 
atraen sus iras místicas con sus fascinaciones de idó- 
latras paganos que envidian sus esplendores para su 
lujoso culto. 

Aduaneros del Papado en todas las factorías reli- 
giosas del orbe, se afanan por aplicar a todas sus vícti- 
mas propiciatorias las disposiciones del Index, que es el 
código de sus tributos espirituales. 

En Lima el prelado metropolitano se impuso esta 
innoble tarea en Setiembre de 1890, lanzando esco- 
munion mayor contra la novelista doña Clorinda 
Matto de Turner i el periódico El Perú Ilustrado que 
dirijia la ilustre escritora. 

La jenial novelista habia publicado un tierno ro- 
mance realista — Ares sin Nido — narrando el eterno 
drama del amor sin fé de los curas de almas con sus 
hijas espirituales en las sierras del Perú. 

De aquel concubinato sacrilego nacian las desdi- 
chadas aves sin nido que vagaban por el mundo social 
de su patria sin padres y sin familia, llevando en la 
frente la maldición de su oríjen. 

Aquella fiel pintura de la mita — la servidumbre 
mundana y relijosa a que someten los curas perua- 
nos a las doncellas de sus parroquias, —hizo brotar la 
sangre al rostro a la sociedad i al clero de Lima, co- 
mo si se les hubiera aplicado una marca de fuego. 

Los prelados inscribieron en silencio en el Index 
el nombre de la novelista y el título de su obra, 
aguardando la ocasión en que podrían anatematizarla. 

Esta oportunidad no tardó en presentarse. 

Como redactora de El Perú Ilustrado, el periódico 
literario mas prestijioso de Lima, dirijido por el en- 



— 98 — 

tusiasta norte americano Pedro Baeigalnppi, Clorinda 
Matto de Tnrner reprodujo el artículo MagdaJa del 
literato fluminense Coello Netto. 

Magda! a es una pajina tropical, escrita al calor de 
Eio Janeiro, copia de las costumbres de la Judea. 

Maria de Magdala se destaca de su fondo con la 
belleza nativa de su raza, evocada por un pincel tem- 
bloroso por la emoción del recuerdo. 

El relieve de Jesús, el hermoso apóstol de Naza- 
ret, se desprende como una medalla de bruñido me- 
tal en la estancia de la seductora Magdala, coronado 
por el amor idólatra de aquella pecadora resplande- 
ciente de belleza y de juventud. 

La fiebre mística se exaltó ante esta evocación 
bíblica y se deshizo en rayos de condenación contra 
la escritora que habia puesto delante de los ojos de 
la sociedad limeña aquel cuadro trazado por la pluma 
del literato brasilero. 

El anatema cayó sobre el periódico y su redactora, 
fulminado por el arzobispo de Lima, causando estu- 
pefacción en la capital peruana. 

El rayo de la ira relijiosa recorrió todo el horizonte 
del Perú, estallando, con furia inquisitorial, en el 
Cuzco, pueblo natal de la novelista, donde las turbas 
fanatizadas por los curas de la mita se lanzaron sobre 
el hogar paterno despedazándolo como un lugar mal- 
dito en medio de las bendiciones católicas. 

¡Así también fue profanado y destruido nuestro 
hogar de escritor liberal el 29 de Agosto de 1891 por 
las lejiones reclutadas en las casas de ejercicios espi- 
rituales de Santiago! 



— 99 — 
III 

La ilustre víctima no se arredró por el anatema. 

Volvió a la prensa, que como la lanza ele Aquiles 
cura las heridas que infiere, por sus fueros de escri- 
tora libre. 

Los anatem atizadores, alarmados con su obra, re- 
currieron también al periodismo para justificarse, 
porque la opinión pública los hacia solidarios de los 
atentados cometidos contra el hogar de su perseguida. 

Monseñor Eoca dirijió una carta a La Opinión Na- 
cional, vindicándose. 

Mas, la ilustre escomulgada le respondia, desde su 
tribuna cubierta con el anatema: 

«Si he tenido el valor suficiente para seguir las 
huellas del digno obispo de Chiapa, frai Bartolomé 
de las Casas, al levantar el grito de conmiseración 
para la raza indíjena oprimida y esplotada, también 
me acompaña la entereza necesaria para sostener los 
principios que en mi citada obra desarrollo. 

«Y si por haber denunciado ante las autoridades 
eclesiásticas y civiles y ante la sociedad, abusos que 
no tienen razón de ser en el Perú libre, se me per- 
sigue y calumnia y se me quema en busto. 

-«No importa! 

«La semilla está sembrada y aun cuando me lle- 
varais a la mazmorra de Galileo o me hicieseis beber 
la cicuta de Sócrates o me dierais la hostia de Cle- 
mente XIV, Aves sin Nido antes dirá a las jenera- 
ciones venideras: «salvad, redimid la raza indíjena 
del poder del mal cura. » 

«No llevéis, eso sí, vuestra impiedad y falta de re- 
lijion hasta perseguir de muerte a mis deudos y re- 



— 100 — 

ducir a cenizas sus propiedades, como lo habéis in- 
tentado. 

«Yo soi la única responsable de mis obras. 

«Eeconoced que estáis representando una escena 
de salvajismo ante el mundo civilizado, escarneciendo 
una relijion de paz y degradando a nuestra patria. » 

IV 

En medio de la persecución relijiosa que la engran- 
decía y le prestaba alientos para irradiar nuevas ideas 
de cultura y de redención social, la ilustre escritora 
no se encontraba abandonada. 

La opinión progresista la acompañaba con sus 
adhesiones y aplausos. 

Un diputado prestijioso, inspirado poeta y galano 
prosista, Bicardo Eossel, se hizo oir en la tribuna 
del Congreso para elevar su protesta patriótica y elo- 
cuente contra aquel atentado que amenazaba la civi- 
lización de su patria. 

«El artículo 16 de la Carta Fundamental de \nllc- 
pública, esclamaba altivo, las leyes, protejen el ho- 
nor y la vida de toda injusta agresión. 

«Yo vengo ante la representación nacional a de- 
nunciar como ciudadano, al amparo del artículo 13 
de la misma Constitución, la escandalosa infracción 
de esta preciosa garantía constitucional cometida en 
la persona de una mujer tan ilustre como virtuosa. 

«Vengo como representante del culto pueblo de 
Lima, que me mandó a esta honorable Cámara, para 
decir la verdad y defender la justicia; a levantar mi 
voz en nombre de la civilización, de la humanidad 
y de la relijion, contra la barbarie, la crueldad y el 
fanatismo. 



— 101 — 

«Vengo, en fin, a ejercer un derecho y a cumplir 
un deber protestando enérjicamente contra los actos 
públicos instigados por las autoridades eclesiásticas 
y tolerados por las autoridades políticas del Cuzco, 
contra el honor y la vida de la intelijente y distin- 
guida escritora doña Clorinda Matto de Turner y 
su respetable familia. 

«Vengo, finalmente, a pedir que se oficie por la 
honorable Cámara al señor Ministro de Gobierno 
para que informe, a la mayor brevedad posible, sobre 
las medidas que ha tomado para castigar a los culpa- 
bles de aquellos actos, en desagravio de la lei escar- 
necida y del orden público turbado. 

« No es posible permitir que en nombre de la reli- 
jion de paz, de perdón y de consuelo que profesa y 
proteje el Estado, se esté torturando a una concien- 
cia cristiana, que se esté infamando una reputación 
limpia, que se esté asesinando a una mujer honrada.» 

Y el ilustrado orador continuó su alegato en de- 
fensa de los fueros de la conciencia libre, haciendo 
desfilar las épocas de la Inquisición, las edades del 
progreso, las conquistas de las doctrinas del crucifi- 
cado, las gloriosas campañas de la civilización uni- 
versal y americana. 

Aquel Congreso era un tribunal que juzgaba el 
pasado y a sus restauradores del presente, haciendo 
clarear la aurora de la razón futura. 

La fé y el ideal pontificaban en aquella asamblea, 
en las asperezas de la batalla del progreso, con la 
esperanza de un porvenir de libertad, que ha de per- 
petuar la historia, como conquista fecunda y gloriosa 
del pensamiento en América. 



ÍNDICE 

CAPÍTULOS PÁJiNAS 

Dedicatoria 7 

Problemas Americanos 9 

Fronteras Americanas 13 

El Arbitraje Internacional 15 

La Prensa y el Arbitraje 26 

La Redención de Cuba 39 

Cuba Cautiva 47 

La República de Cuba.. 54 

El Apóstol y el Mártir de la independencia de 

Cuba. 67 

Los Anatemas Relijiosos en América.. 79 

La Libertad de Pensamiento en el Perú.. 92